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Tiene sus ventajas el ser un dragón, porque de ellos nace la magia, y por eso le s permite estar ocultos en medio de una tertulia en lugares muy concurridos.  Eso de magia y dragones es un asunto de terrícolas, porque la historia es otra, y no puede ser escrita en lengua de humanos, lo inenarrable permanece invisible para los bípedos terrícolas. Y cómo no ha de ser una diversión, el poder escuchar y contemplar, las placenteras y a veces furibundas platicas de cuatro entes bisoños, encarnados en las psicobiodegradables fundas orgánicas para confundirse entre los humanos, si el solo intento de remedo de la lengua humana suena ya como una burda risotada que se amortigua en el universo. Oberón camuflado dentro de un “aleph”, – con la primera letra del alfabeto hebreo los bípedos humanos, denominan a las singularidades del espacio-tiempo que conjugan múltiples universos-cuerda, y que permiten ver, escuchar e interactuar inclusive con todo lo que existe alrededor del aleph-, gozaba con la tertulia de quienes en realidad son extraterrestres encarnados en estructura humana en castigo por sus tenebrosas e inenarrables aventuras oníricas cometidas en su mundo hiperbóreo.
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