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Tiene sus ventajas el ser un dragón, porque de ellos nace la magia, y por eso le s permite estar ocultos en medio de una tertulia en lugares muy concurridos.  Eso de magia y dragones es un asunto de terrícolas, porque la historia es otra, y no puede ser escrita en lengua de humanos, lo inenarrable permanece invisible para los bípedos terrícolas. Y cómo no ha de ser una diversión, el poder escuchar y contemplar, las placenteras y a veces furibundas platicas de cuatro entes bisoños, encarnados en las psicobiodegradables fundas orgánicas para confundirse entre los humanos, si el solo intento de remedo de la lengua humana suena ya como una burda risotada que se amortigua en el universo. Oberón camuflado dentro de un “aleph”, – con la primera letra del alfabeto hebreo los bípedos humanos, denominan a las singularidades del espacio-tiempo que conjugan múltiples universos-cuerda, y que permiten ver, escuchar e interactuar inclusive con todo lo que existe alrededor del aleph-, gozaba con la tertulia de quienes en realidad son extraterrestres encarnados en estructura humana en castigo por sus tenebrosas e inenarrables aventuras oníricas cometidas en su mundo hiperbóreo.

Sebuko era el más novato en la reunión, evitaba dañar a sus compañeros y quemar a los humanos con sus fulminantes ojos de láser, mediante dos tremendos cristales que le daban la apariencia de un maníaco amante de la TV, gran invento para los borregos. Le pareció a Obe, que la mente de Sebuko no podía evitar el re-procesar todo lo que le rodeaba, todo lo renderizaba, sus ojos hervían producto del calor generado por sus cuatro microprocesadores al tostarlo todo en ficheros de video. Bolapeck, pacífica criatura en cuyo interior burbujea el plasma de un guerreo sideral, que tiempo ha defendió un pedacito de planeta ecuatoriano, por amor a unos cuantos bípedos. Recuperó para Ecuador almenos la honra, que los cobardes superiores jamás supieron reconocerle. Su cerecate hierve, irradia terribles ideas no vocalizadas, como si fuera el núcleo de un agujero negro. Maquidark, indescifrable, un ser encriptado en un algorítmo de un gúgol de bits. Los bípedos podrán escudriñar su red neuronal, cuando la computación cuántica, es decir la espintrónica, sea entendida por los terráqueos. Mientras tanto es un derviche, un Pasha, que enlaza a unos cuantos entes encarnados como lo hace en núcleo atómico con electrones caóticos. Los cuatro luciferinos, se habían enterado de la encarnación de Gogork, de la pestilente guerra que empezaba a abatir el mundo. De la inminente guerra iniciada por Muelabroka contra Goras, Gogorks y los perio-verborreos. Durante la tertulia Obe escuchaba como Sebuko a risotada tendida, parlaba sobre el movimiento del dinero, a lo cual Maquidark se explayó hablando sobre las tarjetas de crédito Ecuatorianas, les frotó en el rostro a sus contertulios su nueva tarjetita Gold, a lo cual Kantoborgy replicó que la use para cambiar a su jamelgo venido a menos, pero Sebuko le increpó que se deje de banalidades y rompa ese plástico asqueroso, él sabía de las artimañas de los economistas ecuatorianos, por lo que quería evitar la futura bancarrota de Maquidark.
También se habló sobre las féminas que atormentan al ausente Berlvolk, Maquidark compilaba y traducía lo que sabía, pues es muy conocedor de las trampas amorosas que le han tendido al benevolente Berlvolk, que es una criatura voladora, amante de los paseos por tierras teutonas. Este ser es tan denso como el mercurio, enigmático monstruo camuflado en shamánico cuerpo. Y de las féminas y sus estratagemas fueron rescatados por Bolapeck, quien pronosticó, que si los diputadillos ecuatorianos hembras y machos, que habían sido destituidos por ser unos pestilentes Gogorks y Goras , retornaban a sus infectos habitáculos, Muelabroka sufriría un “democrático y constitucional juicio y destitución”. Todos quedaron mudos por un momento hasta tomar fuerzas para vociferar en coro que el populacho terráqueo-ecuatoriano no lo permitirá. Con tanto barullo los humanos que atendían el lugar de reunión, el cual es muy concurrido, estiraron sus orejas para saber si Maquidark, Bolapeck, Berlvolk y Kantoborgy eran unos conspiradores. Lo que obligó a los entes encarnados a dedicarse a engullir los potajes servidos y telepáticamente pactar una reunión secreta para tomar decisiones porque son como dicen los terrícolas “de armas tomar”

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