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… y procesador gráfico en los humanos

La capacidad cerébrica para formar imágenes simples, complejas, solitarias o en ráfaga, probablemente se forme en los primeros años de vida, en las experiencias de infancia, y ante todo cuando se ha tenido por costumbre la lectura. Existe literatura que es ardua para el cerebro en su tarea de imaginar “cosas”, otras en cambio son ante todo un derroche de color, de movimiento e imágenes inolvidables.
El arte de la pintura, la extrema habilidad de los dibujantes logran plasmar con sus manos lo que a través de sus ojos la mente logra formar. Ahora la fotografía es ante todo un tema mecánico, de tecnología; evidentemente existe diferencia entre fotos y fotógrafos, más allá de que es relativo el gusto y la sensación que diferentes imágenes causan en diferentes personas.. o en una misma, dependiendo de qué fantasma esté en ese momento al mando, lo digo porque somos un cúmulo de personalidades, de ficciones internas que provienen del estado de ánimo es decir, de la electro-química del momento.En mi caso, si no logro retener en mi memoria una imagen, cualesquiera fuese, sobre todo de las montañas y sus laberintos, después; la fotografía no me sirve de mucho. Debo retener el recuerdo gráfico con olores, sonidos, sensaciones de todo tipo. La fotografía, aunque hermosa, resulta pues vana, fría sin historia, como una insensata e insana prueba de haber espiado, y de no haber tenido derecho para hacerlo. Se quedan las fotografías en el baúl de los recuerdos olvidados. No importa si se han guardado en un viejo álbum, o si son parte de los recovecos de los flip-flops de las memorias electrónicas… o como ahora se acostumbra, en una “hermosa e interactiva” galería ubicada en el cloud-computing, en la nube, y además de enorme capacidad, barata casi gratuita, si no fuera por el costo de andar mendigando a costa de la visión por entre los recovecos de las enmarañadas redes de silicio del ciber-espacio. Ah, y por cierto, galería ubicua, consumible, es decir visitable desde cualquier parte del planeta tierra con tal que se tenga acceso a la red de redes, a la Internet, por medio de un smartphone, una tableta, una portátil, o desde cualquier ordenador de escritorio que esté a la mano. Claro, no puede ser tan viejo, es decir si ya es tecnología de hace 5 años probablemente tendremos problemas y muchos; pero sobre todo sufriremos de frustraciones que derivan en el stress del mundo moderno que ataca al humano moderno… la ansiedad. Quizá por ello muchos se dedican a comer sin hambre y también a beber sin sed… como heliogábalos fruiciosos.

Sí, me cuesta retener imágenes, mas no formarlas desde una buena lectura. Me resulta fatuo revisar las galerías de miles de fotografías hechas a través del tiempo en mis tantos recorridos por los bellos rincones de Gea. De los videos es mejor no hablar, me parecen una abominación, una especie de maligna forma de querer imitar los sueños de algunos que sí somos capaces de tenerlos, y muy a menudo, a veces demasiado. Sueño y por meses enteros, llenos de color, de tristeza y miedo y de indescriptible alegría; sueños llenos de aventuras ya pasadas, otras por venir, probablemente la mayor parte solo sean posibles cuando la parca cumpla con su tarea.Mantenemos los viejos álbumes de fotos , cuidamos que el tiempo no haga de las suyas, aunque en ello ya se hayan anticipado ciertos bichos. Escaneamos las fotos para guardarlas en medios magnéticos, en el disco duro de un ordenador, del cual sacamos copias en discos externos, en cualquier medio magnético que nos de tranquilidad de que si se daña no hay problema pues hay otra copia en algún lugar. Nos vemos envueltos en la paranoia frenética de tener respaldos por doquier, y claro, de ello se ha aprovechado el negocio de la nube; copiamos nuestras fotos a un disco duro virtual, google drive, dropbox, drive de office365, o un simple servicio de almacenamiento. Claro, luego los temores de que la información se pierda por falta de respaldo seguro, se reemplaza por el miedo a que nos roben nuestra valiosa información, nuestras inmejorables fotografías, que las copien vilmente y empapelen un centro comercial, o una propaganducha de algún producto de consumo masivo, o quizá inclusive el temor a que copien las fotos y las ponteen como suyas en algún destartalado y superfluo blog… o peor aún, en alguna redecilla social, de esas que hacen del chismorreo y espionaje morboso de la vida ajena un deleite, facebook podría ser un ejemplo fenomenal de aquello. A mi me invade el sencillo temor a que quien me la robe simplemente vea y sienta NADA. Pero yo ya estoy convencido de que no hay solución a la falta de memoria gráfica, quizá se salve una o dos fotos si las ponemos hábilmente sobre un cuero de chivo Zapotillano, o como un grabado rupestre con colores vegetales allá, en las profundidades de una cueva Celicana, y la historia de la foto en una piedra grabada como piedra Rosetta, porque lo mas seguro es que la información digital del mundo moderno se pierda por algún fogonazo de helios o por que es antinatural que se mantenga por unos miles de años, cuando sabemos que pasados 5 años es casi imposible leer un medio magnético que ya es obsoleto en su totalidad.Poquísimas fotografías al ser vistas después de algunos años, causan furor y una golosa riada de recuerdos en forma de turbulentas reacciones electroquímicas en nuestro cerebro. Es mi caso, y resulta que de diez mil fotos tan solo una tiene ese poderoso efecto de mostrar el tiempo pasado, el resto aunque hermosas y premiadas y expuestas en galerías y ampliadas abusivamente en alguna paredcilla de esos centros del consumismo, solo causan angustia de no poder recordar, de no poder volver a sentir, de revelar brutalmente la angustia de la nada. Aquellas imágenes que logran entusiasmar a cada célula del cuerpo a la vez que el cerebro se regodea con sabores y sonidos, con sensaciones térmicas y con la adrenalina del momento para luego dar paso a una dosis de endorfinas y jugosa dopamina natural, son las que quiero ver en hologramas Kalabi-Yau mostrándose en sus once dimensiones, haciendo crepitar el aire que me rodea para envolverme con sus colores, aromas, sabores y sensaciones, por esas fotos e inventado el QuantoImagón, el cual tiene solamente una imperfección, y es de carácter irreversible para quienes aman seguir siendo de carbono estructurado, pues en cuanto lo enciendes el QuantoImagón despliega con ardor ultraterreno solamente la fotografía que tu cerebro ha sido capaz de almacenar con toda la historia espacio-temporal de cuando fue tomada. Te envuelven entonces las formas con sus colores, los miedos y alegrías, sientes el derroche de adrenalina, caes dentro de una forma Kalabi-Yau y contemplas en once dimensiones la fotografía perfecta. Pero tu cerebro se vacía, pues toda su información ha sido devorada por el QuantoImagón, dejas entonces tu cuerpo para ser parte del tiempo perdido… o aprendes a soñar.

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