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Rocinante y Kantoborgy Niva Lada 4x4
Fuerte y sin par cuadrúpedo Rocinante, joya de los montañeros y emblema de los 4×4 de pura raza. En tus lomos de metal, con Rubirosa repleta de las armas de los caballeros de los andes, ascendiste a la bases de las montañas más inhóspitas. En tus entrañas cálidas y olorosas fue el escalador Kantoborgy a por las aventuras verticales, junto al ansioso Lovochancho, que purgó su envidia sana adquiriendo una Menta Glacial, y en ella aprendió que la fuerza de trepar montañas heredaron los Niva 4×4 de los Yaks. Rocinante, sobre los prolegómenos de camino al nevado Antisana. Crespos Centro.

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Sobre el inmenso espejo de la laguna de litio, el dragón Kantoborgy proyecta las imágenes nítidas de su memoria, al tiempo que crepita la tóxica atmósfera de un planeta naciente, dando así lugar a los sonidos del caos primigenio. Él está recostado y duerme plácidamente sobre un río de lava ardiente, la laguna refleja sus sueños y proyecta las imágenes de un amasijo irreverente de súper cuerdas recién expulsadas del huevo cósmico, aquella singularidad matemática que estalló dando origen a todo el universo. Las super cuerdas pobladoras primigenias de un creciente espacio-tiempo musitan al unísono tomando conciencia de su existencia –sabemos qué hacer- se dicen en coro, al tiempo que van sintiendo su transformación y la brusca disminución de la temperatura y presión con el pasar de las millonésimas de segundo. Todo lo existente se transforma de manera continua, de acuerdo a la variabilidad de la temperatura, son cuerdas luego grupos de ellas formando dos y más dimensiones hasta llegar al límite de once. Forman branas y el vibrar de éstas genera pulsaciones efímeras de energía empaquetada que danza caóticamente hasta variar su cantidad de movimiento, su masa, su peso y su carga eléctrica. Es un universo bullente rico en características que posibilitarán a futuro la creación de sustancias tan variadas como extrañas.
-Ha pasado apenas un yocto de segundo, y ya somos una fauna diversa- cantarinamente las súper-cuerdas entonan candorosas; reina el caos de la energía, las cuatro fuerzas elementales que luego gobernarán al futuro universo se confunden y son una; -nuestro vibrar frenético genera la vida corpuscular- dicen ellas en el fragor del estallido primigenio, mientras en los límites del espacio-tiempo en expansión constante otras criaturas despiertan a la conciencia que implica la información contenida en su intimidad, unas son gelatinosas formas diminutas llenas de luz, otras oscuros y atrayentes agujeros, todas juegan y se asombran con el arte combinatorio que da lugar a la creación del universo físico.Se estremece el dragón, y acomoda su acorazado cuerpo logrando la posición ideal para disfrutar del baño de lava ardiente. Las pesadas ondas de video que proyecta sobre la laguna de litio, se tornan preocupantes con los recuerdos de las danzas cuánticas de antaño, cuando él y el universo entero eran de una dimensión despreciable, un caos más que ardiente. Todo lo inicialmente creado era una criatura única pero dividida en una fauna variada. Los gases tóxicos de una naciente atmósfera revolotean en la narices de la enorme criatura durmiente formando toroides y embudos amenazantes. En los recuerdos se sumerge en un mar de los sonidos preternaturales, voces extrañas de un lenguaje no articulado que toda la fauna cuántica entonaba como un diabólico coro, dictando con furia las reglas del cómo todas y cada una de las súper-cuerdas, deberán al enfriarse ir conformando estructuras complejas -todos conocemos el algoritmo intrínseco de la materia-energía.El individualismo de la materia tomó fuerza en cada animal cuántico antes de un atto segundo. La conciencia despertó en cada uno de ellos, la memoria a partir del gran estallido perdía claridad, se necesitaba de un grupo de partículas ya formadas para armar el rompecabezas y recordar lo sucedido en un efímero instante de tiempo. En un vaivén eterno el universo se estructura finito pero no acotado, para luego casi desaparecer en un huevo cósmico inestable que nuevamente estalla para dejar a las probabilidades estadísticas fungir de arquitecto creador. Maldito cíclico juego demencial decía mientras gruñía el durmiente monstruo, al tiempo que escudriñaba los cielos en busca del chamuscante aerolito que venía directo a su enroscada cola, ágil como es, hizo un elegante movimiento para devolver el ardiente pedazo de roca hacia las entrañas de la laguna. Abrió enteramente sus ojos rubí para deleitarse con las luces y formas de los gases incendiarios emanados por el espejo de litio al ser bruscamente incomodado por el intruso del cielo. Extasiado por siempre sobre la insipiente creación de la fauna cuántica, se regodeaba el dragón sabiendo que él también estaba en proceso de construcción, han pasado unos cuantos eones, el universo en plena expansión es aterrador, la información contenida en cada una de sus partículas constituyentes prometen dar luz formas y seres espectaculares. Continue reading
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Que el frío viento de las altas montañas, os sustente bajo las alas
por donde el sol navega y la luna camina.

J. R. Tolkien
Kantoborgy, el eónico dragón que perdió la capacidad de encarnarse en cuerpo humano porque finalmente se reconoció a sí mismo como criatura feérica, e inició la encarnizada batalla en contra de los bípedos depredadores, mojigatos detractores de la bella Gea, viene dormitando por mucho tiempo, mientras su maltrecho y escamoso cuerpo se perfila en lo profundo del universo, esquivando elegantemente a numerosos y errantes micro-cometas, aerolitos, y huracanados vientos solares.
Su acorazado cuerpo interpreta las variaciones electromagnéticas que señalan la vía correcta, las entradas y las salidas por entre varios agujeros, negros y blancos, al tiempo que su mente revive las escenas de duras batallas, que sobre el níveo manto de Titán, y sobre el agrietado rostro de Ganímedes tuvo que afrontar, en su deseo de exterminar cualquier rastro de vida de los homínidos depredadores. Éstos luego de dejar yerta la faz del planeta tierra, huyeron hacia otros mundos en busca de perpetuarse, y de continuar transformando para su ocioso placer enfermizo de la productividad, toda alfombra orgánica en desiertos dantescos.
El dragón, repasa maniáticamente dentro de su primordial red neuronal, vívidas imágenes, y cruentos sonidos de su deambular entre Anake y Pasifae, escudriñando la materia, penetrando con sus triádicas pupilas la virginal materia de las lunas de los lejanos planetas del sistema solar.

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Qué extrañas son tus criaturas Señor, estirpe asquerosa y sospechosa.
Carlos Linneo
Trato de no enfocar hacia las asimétricas cámaras de video que por ojos tiene Don CanGroiT, pero es tan difícil dejar de hacerlo, pese a que ello me causa un malestar, y me siento terrible, como si fuese una mareada criatura de carbono. La repugnancia, que su presencia me causa, podría conformar en mi estructura de visión panorámica, un rayo láser y éste proyectándose a través de mis pupilas de astroide, cual si fuera un “rayo de la muerte” causaría la vaporización de la Central de Procesamiento (CPU, por sus siglas en inglés) de Don CanGroiT; mas el deseo por cumplir con la oscura meta que persigo, subyuga mi voluntad y acabo mareándome con el lento movimiento de sus telescópicos “ojos”.
Don CanGroiT tiene una cascaruda apariencia, y sonrisa nerviosa que me llena de espanto, es una sensación humana muy bien simulada, mas bien debo decir ,heredada; seguramente, el constante patinar de su único neuro-electrón, avivan su torpe imaginación que de pronto se desata en una tempestad de sandeces, parloteadas con su ronca voz procesada por los circuitos electrónicos. Para qué reproducir las cosas que dice, si se constituyen en una afrenta inconmensurablemente venenosa.

Continúo en una pasiva espera.
Mi paciencia es efímera, y ello ha sido motivo de mis constantes recalentamientos cerébricos.
CanGroiT, censa a través de su desmesurado rostro la disipación calórica en aumento, y dice:
“…están por arribar; los proyectos a tratar son urgentes, mmm {…}, de ello depende nuestra…, mmm {…}, usted sabe, tengamos paciencia”.
Yo cual si fuera un borrico asiento con la cápsula de mando, mientras mi red electro-neuronal se satura con los qbits desesperados en su danza aquerontiana; ellos también, de alguna forma, han aprendido a censar y calcular, con altísimo grado de precisión, los momentos en los que estarán a cargo de procesar la portadora electromagnética que compila señales de audio y video cargadas de imbecilidades, provenientes de este melindroso y cascarudo monstruo.

He recordado con sospechosa fascinación, el tiempo cuando siendo un ionizado gas, que lleno de deseo desenfrenado por las caóticas colisiones sub-atómicas, aprendía a censar las curiosas radiaciones mentales de los bípedos depredadores, no tenía otro interlocutor que no fueran
los entrelazamientos cuánticos, de ellos obtenía información, datos, imágenes y preclaros pensamientos , sonidos, toda la maravilla fluyente de la materia y energía en su eterno vaivén dentro del algoritmo de la información que intrínsecamente conforma este universo.

CanGroiT eleva la presión hidráulica de sus extremidades, como una descomunal burbuja amorfa se ha elevado —levita— y procede a dar la bienvenida a la reunión al buen CuBoiT.
—Gracias por honrarnos con su presencia, mi buen CuBoiT.

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El hombre es un dios cuando sueña, y un mendigo cuando piensa
Hölderlin
—¡Shalvita!, baje ya de ese árbol.
—Ya voy papá. Aún no logro sacar al Lapo que ha caído en la trampa.
—No sé qué tanto hace trepado en el árbol de capulí, se la pasa encaramado en los árboles cual si fuera un mono. Deje ya de comer tantos capulíes que le va arder la panza; mire a su querido y grasiento perro Fox, el pobre, ya no puede más de tanto que ha tragado.
Shalva desciende del gigante árbol con un hermoso pájaro llamado Lapo o Huairachuro, y le dice a su  padre:
—¿Te gusta el Lapo?, lo he atrapado para ti, con él podrás hacer unas hermosas acuarelas y luego lo soltaremos, ¿verdad? ¿lo dejaremos ir?. Además hoy no me he quedado dormido en lo alto del árbol, así que no había peligro de que cayera, y si ello pasa saldría volando como un niño-dragón ¿verdad papá?.
—Tenga cuidado hijo, que este bicho pico de playo, podría arrancarle un dedo, no podemos ser tan confiados, todas las frutas que comen… y comemos, han sido modificadas por los gases contaminantes que emite el Mundo Moderno. En verdad el pajarraco es hermoso, vamos a ver si logro pintarlo ahora mismo, que mañana le devolveremos su libertad. En cuanto a su vuelo dragonil, es mejor no confiarse, que por ahora los dragones parecen andar de vacaciones.
Shalva piensa:
“Esta vez me he librado del reto con su voz de trueno y mirada de fuego; aunque su rostro ya se estaba poniendo coloradote”.

Difícil resulta comprender el origen de los deseos humanos, por ejemplo, recuerdo con soberano temor los días en que el pequeño Shalva, dio inicio a una larga lista de peticiones de lo más extrañas, su padre, el inquebrantable Obe, ya se había acostumbrado a ellas. Shalva pidió a su padre que le ayudara a concretar
su deseo de tener un clon; sí, un clon. Obe sonrió a su crío y le preguntó, “¿y qué quieres clonar?”, a lo que Shalva respondió: Es hora de copiarme a mí mismo.
Cuanto tiempo ha, desde que los humanos piensan de forma muy contraria a la de sus antepasados, considero que esa nueva filosofía desarraigada, se inició, como todo, por necesidad, cuando la saturación de la atmósfera con gases nocivos llegó a límites insospechados, y claro, el agua que bebían y los alimentos que ingerían, así como también los haces del canicular sol, modificaban a diario su íntima estructura molecular. La mutación biológica natural requiere millones de años, pero el medioambiente los estaba obligando a mutar rápidamente, y de cierta forma la especie humana le hecho una mano al cambio biológico, las mutaciones se hicieron impredecibles para el conocimiento humano, y pronto se vieron forzados a defender la existencia de su especie, es decir de las diferentes variantes de homininos. Muchos eran ya nuevas subespecies, pero decirlo seguía resultando una afrenta contra la vanidad del humano.

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EN BUSCA DEL EXTÁSIS (I)

“Hoy el hombre va en busca de la naturaleza salvaje
para conquistar los últimos rincones de su alma desconocida, oscura y olvidada.”

Reinhold Messner

Avanzo obstinadamente, soy una máquina de arrastre, un cordón umbilical me ata a Payik (furibundo ser de reptiliano rostro, que no es completamente de carbono, tiene mucho de cibernético), y por medio de este cordón también estoy amarrado a la desmesurada masa corpórea de Guslam, cuyo rostro se ha tornado púrpura, por causa de la hipoxia, y eso que tiene medio cuarto de pulmón en silicio puro.
Guslam tira de mí como seguramente lo hace un agujero negro con el deslumbrante chorro fotónico, la luz. Avanzamos por las pendientes de hielo roca y nieve hacia la casi olvidada cúspide de la truncada pirámide cimera de la montaña Horcón; y mientras arrastro a los compañeros de cordada, recuerdo que se pensaba que los deseos frenéticos por subir montañas se verían disminuidos en quienes tuvieran implantes de silicio a nivel cerébrico, pero no es así. En la gran mayoría de montañeros, que sufrieron operaciones modificatorias a su estructura orgánica, sea para salvar su vida, o porque solo requerían más memoria de almacenamiento, o porque deseaban incorporar en su humanidad la posibilidad de reproducir música, disfrutar de videos directamente inyectados a su red neuronal, ver mejor y más lejos, o sencillamente degustar de los placeres de las endorfinas que a raudales segrega la red neuronal cuando es excitada por circuitos de silicio (es decir, por lo que fuere), en ellos nunca menguó el deseo de ir tras el peligro, de conocer sus límites en la zona de la muerte de las altas montañas. Y es que en su gran mayoría, los verdaderos montañeros son aquellos quienes desde su infancia se dejaron deslumbrar por las Montañas y Jardines de la sin par Gea. Es de suponer, que siendo ahora de un alto porcentaje de silicio, seguirán teniendo irrefrenables deseos de estar en una montaña, regodeándose en sus laderas, caminando alrededor de sus enormes pies, o alucinando sobre su cumbre.

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Entre su intimidad y sensualidad sin par, frenético ritmo en la subida, ausente perfecto reconcentrado en cada paso evitando ir con la dulce Parca por un error de bisoño montañero. El éxtasis de un cuerpo llegando a sus límites impide escalar, ver y pensar en los imposibles ojos de una Sirena de las Nieves, inalcanzable. El retorno debe ser rápido y seguro, difícil evitar las seductoras formas de las entrañas de la montaña, formas invisibles durante la noche, seductoras y majestuosas criaturas vigilantes de la intimidad del mundo de las hadas durante el día. Pausa obligada en que los ojos se saturan de un instante de belleza y enigma eterno. La mente separada de un cuerpo agitado, extático instante donde ella fue mía.
galadrina

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Nombre científico: Pseudalopex culpaeus Familia: Canidae
Nombres comunes: Zorro andino, zorro colorado, Atoq en lengua quechua.

zorro+paramo

Descripción morfológica:
Mamífero carnívoro de cabeza ancha, orejas grandes y erectas. Su abundante pelaje es de color pardo grisáceo. Tiene la cola larga y gruesa. El zorro es un animal adaptado para ver en la oscuridad. Su longitud es de 70 cm. del hocico al nacimiento de la cola, y esta suele tener 30 o 35 cm. de largo, que agita a manera de saludo para engatuzar, atontando a su presa, para luego aproximarse con gran cautela, hasta avalanzarse de un veloz y certero salto. Pertenece a la familia de los cánidos que incluyen a perros, lobos y chacales. Vive en madrigueras y caza aves de corral y animales pequeños. Suele vivir hasta doce años. El grito del zorro es una especie de ladrido agudo, suele aparentar que está muerto al ser capturado y huye tan pronto se le presenta la oportunidad.

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Cumbre máxima o central 5705 msnm, es la cuarta cumbre en altitud del Ecuador. Situado en la cordillera central 0º30′ de latirud Sur, 78º08′ de Longitus Oeste. Posee cuatro cumbres, Noreste, Máxima, Orienta y Sur. El Antisana es un volcán activo, de cutya caldera de 1800 metros queda únicamente el flanco occidental

Cima Central, Máxima 5705 msnm. Primera Ascensión 09.03.1880 Jean A Carrel, lous Carrel, Edward Whymper.
Antisana

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Fragmento de mi libro la Rebelión del silicio

Durante horas he reptado por el suelo de este enorme bosque, huyendo de quienes persiguen mi soledad, hasta ahora no me había encontrado con el oculto demonio.
      A pocos metros de distancia de mi temporal y forzada guarida, sobre un pequeño claro del alfalfar, diviso claramente, la danza que inicia un extraño ser del averno, desde esta perspectiva su lomo se alza tenebrosamente hacia el azulado cielo, su curvatura color ceniza, salpicada de motas blancas que embrujan mi mente, se asemeja a la “Magic Line” que lleva a la cima del Chogori. Sé que no debo caer en su red hipnótica, menos ahora cuando éste empieza a emitir su melodioso chirrido:kri krit krikr krit krikrr.

Los pegajosos ruidos alertan que está pronto a lanzarse al ataque –¿pero en contra de quién?, -me pregunto- convencido de que no ha detectado mi presencia.
No puedo elevar mi cabeza, para así disponer de mejor vista y develar los planes del Cenizo monstruo, mientras permanezca echado en el suelo, reptando como gasterópodo entre estos enormes alfalfares, las posibilidades que me descubran los bípedos depredadores, o aquella espantosa criatura son mínimas. Me aferro a esta forma de defensa.
De repente escucho extraños golpeteos en el suelo, -me han descubierto- me digo-, mientras mi cuerpo se tensa y pone en alerta a cada músculo. Miro en derredor y no encuentro a nadie, ¿será alguna invisible criatura?. Pongo a tierra la oreja y escucho el brutal estruendo que surge del triturar que hace un invisible trapiche con los tallos de la yerba, imagino descomunales fauces llenas de gigantescos y afilados dientes.

El cenizo monstruo también detiene bruscamente su danza, ante la irrupción de un nuevo sonido en el ambiente, lentamente gira su ovalado cuerpo, apenas distingo las columnas que soportan su emplumado lomo, difusamente distingo sus enormes garras, tiene patas muy fuertes. Siento terror de mirar su colorado rostro de gallo hervido, temo enfrentarme a sus curiquíngueos y endemoniados ojos, entre estas hierbas no va a descubrir mi presencia, confío en la falta de olfato que sé es su debilidad más sabida.
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Una zona que se debe preservar, es curioso como ningún medio ha difundido el inminente riesgo en el que se encuentra esta reserva, debido principalmente a la explotación minera adyacente. En la parte alta de la Rinconada, hermoso restaurante de Rolando Vera, se escucha continuamente los sonidos de las explosiones, las piedras empiezan a caer al cráter. ¿A quién le corresponde controlar la explotación minera, al Municipio de Quito , al Ministerio del Ambiente? Mientras los aletargados burócratas se enteran, natura muere

Pondoña, Chivo, y Pan de Azúcar
Pondoña, Chivo, y Pan de Azúcar

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…de los prolegómenos de un Poseso.

Ciertas frutas logran encadenar a la mente y hacer de ella un proyector de locuras. Rambután causa aquello. En la ardiente llanura que baja de las estribaciones de los andes hacia la grande y pacífica charca, existen árboles que son realmente los últimos Ents sobre el vientre de esta atormentada Gea. Son hembras Ents, y Dríadas que cuidan de sus alucinógenos frutos. Frutos que son el caramelo de los bípedos habitantes de esta candente tierra. Estos seres dos veces al año acuden con bombos y platillos a la cosecha del árbol que ellos denominan Achotillo, y que los más eminetes pensadores bípedos usando la lengua latina, ya muerta, y que en su tiempo fue el legado de los últimos dragones, la han clasificado como nephelium-lappaceum… o rambután.Los insípidos animalitos que rien y se lo comen todo y que sobre sus dos patas traseras atormentan a diario a Gea, han perdido la capacidad de mirar y por lo tanto de establecer contacto con criaturas como las Driadas, y a ellas tampoco les atormenta esta separación; pero aún existen sobre Gea ciertas criaturas que encarnadas por designios innombrables y pretéritos, en cuerpos humanos, son en realidad viejos dragones. Y sobre uno de ellos quiero contarles, su nombre es Obe. Quien bajó a las planicies candentes, lugar nada idóneo para un dragón de las nieves, y lo hizo por razones estrictamente de tipo cuántico, tal como él lo grita a los cuatro vientos. Es decir un poco porque el azar es una de las propiedades intrínsecas de la materia y por tanto de la energía, y un poco más porque la cordura del légamo sub-urbano lo estaba matando. Instalado en los confines de una granja, Obe disfrutaba de los tormentos del soporoso calor, que hacía de sus alucinaciónes diarias una melópea sin resaca. La granja era de un Orco, sí, un gendarme retirado de las fuerzas especiales de los bípedos terráqueos. Orco no por su aspecto, sino porque esa era su verdadera especie encapsulada en un Sargento bonachón y amante de la tierra y sus cultivos. Su nombre es ChanGua, y es feliz esclavo de su bosque de achotillos… o de sus Dríadas? O de la Náyade que se apoderó de su mente, de su granja, de sus sueños y de todo su ser.

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Encerrado en mi cubículo de acero y cemento, de aquellos destinados para los cerebros que se entienden con el silicio, meditaba sobre la posibilidad de lograr la simbiosis perfecta con los circuitos electrónicos. Pero de pronto entré en un estado de ataraxia, recordando aquella vez en la que me convertí en una pequeña esfera de luz, un fotón, que viajaba más rápido que la luz, contradiciendo la relatividad restringida de Hans Koch, apoyado en aquel irreverente físico Magueijo en su teoría de la variabilidad de la velocidad de la luz. Recorría temerariamente el laberinto de tubos de cristal, sencillamente queriendo salir de este universo. Envidiaba a los neutrinos que traspasaban mi energía fotónica sin inmutarse, y claro, si al mismo acero lo traspasan como a mantequilla, si la misma Gea es ametrallada de forma constante en el tiempo por millares de estos fantasmas del universo. Continue reading
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Despegue y llegada donde Floripondio El rey Alucinógeno.
Todos quienes hemos escalado en alta montaña, entramos en la espiral de la sin razón, cuando de los Himalayas escuchamos. Y ese fue mi caso, ante la posibilidad de viajar a la tan famosa hilera de ochomiles, enloquecí, deje de lado las tantas historias detalladas que había leído de los grandes himalayistas de antaño, de aquellos que por sus propios medios forzaron las rutas inéditas, las que ahora en su mayor parte son las autopistas de altura para las incesantes murgas de bípedos en busca de «gloria», sin reparar en la pestilente basura que dejan a su paso.Monté entonces en una máquina voladora, tan repleta de gentes, que hasta el cogote le pesaba, esa creo fué una de las razónes para demorar tanto el vuelo. Estaba trepadado en un zúngaro. Rechoncho animal de caucho y metal, especie de dragón metálico bautizado por los parientes del caballero de la triste figura como IBERIA 740. Vaya engendro en el que embarqué en pos de un sueño :ir a los himalayas.Como suele suceder, en viajes largos, los amigos, cancerberos del mundo onírico de los locos, recomiendan cosas tales como: «pegate una tella de vino» o un teke de medio metro, asi no sentiras nada ni a nadie». En vez de una tella, me tragué 4, y entonces la melópea fué infernal, llegé a puerto de la vieja patria de los «Moros y Cristianos», «hecho bunga» harando, era la envidia de los gasterópodos, amantes del suelo. Y para colmo de males, como era de esperar, los moros son farsantes e impuntuales, pues el zúngaro llegó con retraso.
A punto de perder el siguiente zúngaro con destino a tierra Teutona, me encomendé a Dulcinea, y emprendí feroz y desigual carrera contra una potra germana, quien al parecer era alma en pena, pena por haberse embarcado en los lomos de un zúngaro IBERO 740. Llegamos justo a tiempo, pero como «Murphys Law» manda en todo el universo entrópico,  la morita de IBERIA dijo: » habéis corrido en vano, el zungarito esta retrazado, se le ha pegado una bola de cera en la pata, el arreglo tomará 50 minutos» .
Después de tantos avatares, 10.000 Km de recorrido por la panza de Gea, llege a la Germania, en donde dí rienda suelta a la locura enredándome en las entrañas de tanto silicio que en esa tierra habita: » oh internet que estas en el ciberespacio, vendecido sea tu link». Terminó el día durmiendo  a pierna suelta en la acogedora terminal, dando vueltas en el tren interno a ver si si las musas hacían su trabajo.Amaneció, y con todo el entumecimiento a cuestas logré dar después de tanta vuelta con la aerolínea Gulf Air, que me llevaría hacia el Sultanato De Omán. La alucinación extrema, tal vez producto de vivir en las fauces de la ardiente Falak, hizo a sus habitantes o a uno solo de ellos parir a Las Mil y Una Noches. Aprovechando la sed de petróleo del zúngaro aéreo del Golfo, los que en su panza viajabamos, tuvimos la oportunidad de devorar la magnificencia de la arquitectura árabe. Una noche de engorde en los brazos de Al-Shira-A, codiciando sus joyas.
Palacete, en el Sultanato de Omán

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