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Veo a MarDoIt, deambulando por la repleta ciudad de bípedos. Él también es un bípedo, se parece a los humanos en su estructura biodegradable. Con cabeza gacha MarDoIt patea las callejuelas de esta ciudad bicentenaria; su memoria pesa. Ha dado casi tres vueltas al domo del Panecillo. Tiene en su red neuronal un infinito de vivencias ajenas, de otros humanos, lleva el conocimiento de aquellos seres a quienes extrajo su memoria.
MarDoIt fue humano en un ciento por ciento, pero sus viajes espaciales a los confines de este universo finito pero no acotado, modificaron su estructura quarkiana, de tal forma, que su conciencia, su algoritmo de conformación terminó saturándose con muchos pequeños saltos cuánticos, que a fin de cuentas generan otra criatura en cuanto a su estado mental. He vuelto a verlo después de media centuria, debo decir que de no ser por su demencial deseo de mantener la forma de su rostro, cerúleo y rígido, y sus ojos glaucos y sonambulescos, me hubiese sido imposible reconocerlo.

Observo a MarDoIt refugiándome en la seguridad que brindan los muros cilíndricos que ahora rodean al Panecillo, los viandantes del lugar me dicen que este Domo es ahora la morada de un excéntrico apellidado Castro. MarDoIt carga densos secretos, uno de ellos es la habilidad que permite extraer todo el conocimiento y vivencias del cerebro de cualquier criatura de carbono.

MarDoIt relató hace tiempo que su capacidad de absorber el conocimiento y vivencias de otras criaturas orgánicas, fue un regalo de la inestabilidad cuántica de la materia. Que luego de su primer viaje mediante el proceso de tele-transportación basado en aquello de la Algoritmización Humana. Él dio buena cuenta del poder adquirido, su primera víctima, la sin par Tantalita, a quien siempre quiso seducir.

Ella, Tantalita, ajena por completo a los deseos de MarDoIt, le permitió tocar su mano mientras degustaban del intenso café servido en el emblemático MV (La Modorra Viscosa). MarDoIt mediante un efecto similar a la ósmosis entabló un campo energético que al ingresar en el cuerpo de Tantalita se dirigió a la masa encefálica para acelerar el reproceso electroquímico que es la fuente de la memoria humana, como resultado el entrelazamiento cuántico que trasmitió toda la información del cerebro de Tantalita al tenebroso MarDoIt.
El proceso de copia y transferencia duró poco tiempo, decir que fue un minuto es ya bastante. La energía calórica que genera el sistema provoca un estado hipnótico, Tantalita experimentó un breve viaje extático. MarDoIt lleno de furia y dolor huyó.

MarDoIt, acudió a su amigo Salvador, quien trató por mucho tiempo de realizar una descarga de la memoria electroquímica a un sistema de almacenamiento basado en el silicio, lo que MarDoIt tenía acumulado en su cerebro resultó en algo más de mil Yobibytes, realmente algo muy grande para la época, considerando que la tecnología para transferir la codificación de memoria electroquímica a patrones de unos y ceros, los llamados bits del silicio, aún era experimental.
Salvador no logró borrar del cerebro de MarDoIt, ahora hinchado y saturado, los recuerdos, vivencias, conocimiento y memoria de la bella Tantalita. Juntos escudriñaron el porqué de la imposibilidad de borrar cierta información, pero la respuesta era mucho más simple de lo que buscaron, los humanos son esclavos de las endorfinas segregadas bajo ciertos impulsos de conservación: “amor”.

MarDoIt va por su cuarta vuelta al Domo del excéntrico Castro, supongo busca descargar nuevamente su ya saturada memoria.

 

 

 

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