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Fragmento de mi libro la Rebelión del silicio

Durante horas he reptado por el suelo de este enorme bosque, huyendo de quienes persiguen mi soledad, hasta ahora no me había encontrado con el oculto demonio.
      A pocos metros de distancia de mi temporal y forzada guarida, sobre un pequeño claro del alfalfar, diviso claramente, la danza que inicia un extraño ser del averno, desde esta perspectiva su lomo se alza tenebrosamente hacia el azulado cielo, su curvatura color ceniza, salpicada de motas blancas que embrujan mi mente, se asemeja a la “Magic Line” que lleva a la cima del Chogori. Sé que no debo caer en su red hipnótica, menos ahora cuando éste empieza a emitir su melodioso chirrido:kri krit krikr krit krikrr.

Los pegajosos ruidos alertan que está pronto a lanzarse al ataque –¿pero en contra de quién?, -me pregunto- convencido de que no ha detectado mi presencia.
No puedo elevar mi cabeza, para así disponer de mejor vista y develar los planes del Cenizo monstruo, mientras permanezca echado en el suelo, reptando como gasterópodo entre estos enormes alfalfares, las posibilidades que me descubran los bípedos depredadores, o aquella espantosa criatura son mínimas. Me aferro a esta forma de defensa.
De repente escucho extraños golpeteos en el suelo, -me han descubierto- me digo-, mientras mi cuerpo se tensa y pone en alerta a cada músculo. Miro en derredor y no encuentro a nadie, ¿será alguna invisible criatura?. Pongo a tierra la oreja y escucho el brutal estruendo que surge del triturar que hace un invisible trapiche con los tallos de la yerba, imagino descomunales fauces llenas de gigantescos y afilados dientes.

El cenizo monstruo también detiene bruscamente su danza, ante la irrupción de un nuevo sonido en el ambiente, lentamente gira su ovalado cuerpo, apenas distingo las columnas que soportan su emplumado lomo, difusamente distingo sus enormes garras, tiene patas muy fuertes. Siento terror de mirar su colorado rostro de gallo hervido, temo enfrentarme a sus curiquíngueos y endemoniados ojos, entre estas hierbas no va a descubrir mi presencia, confío en la falta de olfato que sé es su debilidad más sabida.

Por instantes cierro mis ojos e intento escabullirme o al menos mimetizarme como el camaleón que me acompaña. Finalmente abro mis ojos y veo claramente el aguilucho rostro del Cenizo monstruo, de su cuello cuelgan dos enormes medallones de color rojo carmesí, con los cuales emite gases venenosos, los hincha en pleno furor de la batalla, luego los deja estallar y por ende libera en forma de hongo atómico el pestilente y letal gas. Sobre su diminuta cabeza, lleva un copete parecido al de los centuriones de la antigua Roma, cuello no tiene, parece que un invisible cordel ata su cabeza al enorme cuerpo. Sé que puede volar, y grandes distancias.

Mientras contemplo casi hipnotizado al plumífero Cenizo, no me percato de que los golpeteos en el suelo se han detenido, no sé hace cuanto tiempo pasó, parece que han transcurrido varias horas. De pronto siento que mi rostro es acariciado por una felpuda criatura, está olfateándome de forma tan descarada, escucho su agitado respirar, lentamente por el rabillo del ojo me percato que se trata del pasible Bonifaz De La Cuadra, -dichosa criatura-, blanca como la nieve, yerbatero glotón que se nutre de las delicias de este bosque de alfalfa, también da buena cuenta del botonsillo rastrero y del Diente de León.

Finalmente el cenizo monstruo nos ha descubierto, al menos presiento que ha descubierto a Bonifaz, pero a éste noto que le importa un bledo. Ahora me siento invisible.

Bonifaz, dando enormes zancadas sale al claro del bosque, su felpuda cola ayuda al impulso y produce el golpeteo que antes no reconocí. Cual invite a jugar y con el rostro claramente a punto de estallar en risas enfrenta al aguileño Cenizo, quien al ser sorprendido, con tal atrevimiento de quien considera una criatura inferior, emite amenazantes sonidos y procede a treparse en el árbol de Pico-Pico más cercano. El pandemónium se desata, Bonifaz ríe a “ panza rugiente”, Todo queda a punto para la batalla, queda al descubierto que la danza del Cenizo monstruo del averno, era la antesala para lanzar un traicionero ataque sobre el ahora visible Gallo Culincho […].

Entre sueños escucho una retahíla de insultos, realmente me siento con la mente espesa, no sé si he logrado salir del mundo onírico.

Payik grita:

-Novato maldito, déjate de roncar!.

Guslam interviene:

-Espérate Payik, que ya no aguanto más, no he pegado el ojo con tanto ronquido, le daré una buena patada, aunque para ello deba levantarme: calzarme los crampones, tomar la piqueta, es decir cumplir con todo el ritual de enlatarme en el disfraz montañero. Ah! y aguantar el maldito frío.-

-¿Como carajo dejamos que este loco de Shalva nos convenza de hacer vivac sobre la cima de esta pirámide de hielo?. Debimos haber continuado hacia el campamento. Demonios estoy hinchado como sapo.

Ya basta! –interrumpe Payik- y continúa:

-No busques culpables, y vete parando con cuidado, que por desear darle una zurra a Shalva, podríamos todos iniciar el descenso más rápido jamás cometido, de panza y en volteretas imparables hacia los avernos.-

Listo Payik, -dice Guslam- no veas el festín de golpes que le propinaré al roncador. Eso sí por si acaso ponme un segurito. Supongo todos estamos asegurados ¿verdad?. Claro siempre digo que subo con dos novatos. Levántate Payik, revisa los tornillos de hielo. El desgraciado roncador no está tan cerca, pensé estábamos los tres en una sola funda de aluminio, pero como el maldito dice aborrecer en manada se ha corrido a izquierda. Asegurarás Payik, verás que te lo pido, no quiero salir volando y jamás volver a tener el gusto ver a Tantalita. Como le quiero a esa pelada.

Furioso Payik interrumpe:

-Si salimos de esta, baboso Guslam, a cocachos te hago pedirme perdón por andar hecho el enamorado de las ilusiones de otros. Mal amigo, cordada traicionera.

Guslam ríe y dice:

-Ya cálmate, ni que tu Tantalita fuera la última de las féminas disponibles en este pedacito de planeta. Solo quería ponerte alerta, acaso has olvidado que herir el amor propio del compañero de cordada a estas alturas hace que te pongas mosca, y no cometas errores, que podrían ser fatales-.

De repente Guslam grita:

-Asegura vago desgraciado, no ves que Shalva ha caído. Y que conste para el informe al CAP, que no lo he tocado, parece que él se ha ido arrastrando durante toda la noche, como gusano, ¿qué estaría buscando el maldito loco?.-

-Tira de la cuerda Payik, estoy resbalando de a poco, creo que me voy tras Shalva.-

-¿Cómo es posible que el roncador se libre de mis golpes y nos esté llevando a todos a una muerte segura?.-

Realmente estoy cayendo, -me digo- y esto sí no es un sueño. ¿Dónde demonios está Bonifaz? Qué jodida noche.

Le grito a Guslam: Muévete mutante. Y claro, por respuesta entre sonoros epítetos, Guslam me dice que me alegre de que no cuente con su navaja suiza, para cortar la cuerda de inmediato.

Veo volar sobre mi cabeza cantidad de material de montaña envuelto en mucha nieve, allá va la funda de vivac, fundas de comida y demás. Mi funda de dormir, tanto que me costó conseguir, un buen plumón, hace rato que se deslizo hacia el negro abismo.

De repente el arnés hiere mi cuerpo, empiezo a enterarme de que he caído.

Guslam grita preguntándome si tengo a mano el par de ascendedores, armados por supuesto.

-Sí,- le contesto-,

Y no grites tanto que solo estoy a solo 20 metros de ti, -claro que colgado en la vertical de hielo- además, le respondo tengo conmigo: tornillos, un shunt, el grigri, y cordinos, hasta una escalerilla también. Luego empiezo a reír como loco, ante tamaña bestialidad que la pregunta de Guslam implica.

Guslam dice:

-Oye Payik, la bestia del novato dice que tiene toda la ferretería necesaria.-

Payik, se echa sobre el seguro de tornillos en el hielo, y empieza a reír salvajemente mientras dice:

-Ahora el novato eres tú Guslam, cómo crees que Shalva, por más loco que esté va a acostarse a dormir con toda la ferretería puesta, destrozaría su preciado sleeping de plumón de pelucona marca NorthFace. Eso ni el temático PaTaK, con su compinche MaquiDark, lo harían.-

-Guslam , espero que hayas podido propinarle un puñetazo, al novato de Shalva. Tamaño lío en el que nos hemos metido solo por el deseo de apalear al roncador.-

Continua mi sesión de de risas, oculto en el terso color de la noche, y extraviado en la nívea alfombra vertical.
Todavía lejos de la realidad, me digo si realmente no estaré loco. Quién me manda a salir con estos tipos, que mientras duermo, desean interrumpir mis sueños a trompicones y patadas. Bueno, los ronquidos realmente les han molestado.

Miro hacia arriba, la cuerda tensa se pierde en la oscuridad, abismo hacia arriba y también hacia abajo. El negro color del cielo nos ha caído, pero a mis pies presiento que el maldito monstruo Cenizo me espera. ¿Acaso Bonifaz no dio cuenta del Cenizo del averno; enviándolo a volar al árbol de Pico-Pico?.
Vislumbro en medio de la oscuridad, justo en el borde de la pared de hielo, una enorme pata de mutante sin calzar crampones, sé que es de Guslam, parece no estar muy cómodo. Esta escena enciende aun más mi descontrolada risa

Todavía no comprendo lo sucedido, sigo entre sueños, todo es tan irreal, no hay dolor, tampoco existe el miedo, pero tengo la certeza que la parca abajo me espera, quizá transfigurada en una bella y sin par hierofántida.

Guslam me habla:

-Oye novato, deja ya de reír, y empieza a escalar, que no te vamos a izar.

El frío recorre mi espinazo, tomo conciencia de lo acontecido, estoy a merced de natura, parece que pronto amanecerá. No se me pasa por la mente la idea de cortar la cuerda e ir a por la bella hierofántida, tan solo afloran mis instintos de supervivencia y el deseo profundo de aferrarme a la vida. Rebusco los bolsillos de mi chaqueta, y no encuentro ni un maldito cordino para hacer un nudo prusik… un pequeño mashar que me ayude a recobrar la postura vertical, sin tener que cansar mis brazos. Requiero de un maldito estribo que me permita ascender por la cuerda.

Maldita sea la suerte.

Estoy sin mitones en mis manos, ya siento tiesos los dedos.

Guslam y Payik, deciden enviarme con otra cuerda la ferretería necesaria para mi ascenso. En medio de carcajadas se arrepienten de su intento por triturar mis huesos, pero deciden dejarme colgado un buen rato, que por mis propios medios salve el pellejo.

Guslam entre carcajadas casi demoníacas me lanza un reto:

-Verás novato, si logras salir a punta de prusik daremos un informe positivo, y finalmente el CAP te aceptará como miembro, se te concederá el título de trepador profesional avalado por el Cuerpo de Ascensionistas Pasibles (CAP, por sus siglas en español). ¿Qué te parece?. Ya te mandamos los cordinos.-

No atino a responder algo.

De hecho, cualquier cosa que le diga al grasiento Guslam, será motivo de mofa. Acepto en silencio mi condena, la envidia de quienes no pueden conciliar el sueño en las alturas, es aterradora.

De a poco empiezo a trepar, mientras mi mente inicia con los recuerdos:

Claramente siento el olor a gasolina, que el demente MaQuiDark, pusiera en el bolsillo superior externo de la bella Rubirosa, mi mochila. Luego mientra él abría la ruta de la que considerábamos la “vía norma” al K2 sureño, yo aseguraba en la pared de hielo, más con la mente que con tornillos, y con el precario equilibrio que me brindaban las cuatro puntas de los crampones Salewa, amarrados con furia a las enormes botas Galivierr que me prestara el montañero GaláRRa, emanaba seguridad y confianza al primero de cordada. Si Maqui se cae, de seguro iremos al infierno –me decía- pues es un monstruo realmente voluminoso. Antes de finalizar con la primera rampa de hielo, mi “control tierra” estaba en la mierda. La gasolina se había regado, su olor me traía totalmente grogui, es decir estaba bajo los efectos de la nausea. MaQuiDarK trepaba como poseído, de seguro estaba pensando en el extraplomo de hielo que nos lleva a la segunda rampa de hielo, o deseaba apurar el tramo difícil donde tiempo ha, con el otro loco del CAP, Don. PaTak, se quedó dormido, eso sí, luego de haberse asegurado como si estuviese en la mismísima pared Rupal . Terminada la escalada, la noche cayó sobre nuestros lomos, hicimos vivac en la cumbre de la pirámide de hielo disfrutando de medio litro de leche con chocolate. Mejor imposible.
Ahora la pregunta: ¿Quién es más loco que Yo? Tiene una clara respuesta: MaQuiDark.

Horas después, con las manos al borde de la congelación, y profiriendo amenazas y maldiciones por doquier, asomo a la repisa. Veo a Guslam y Payik, que a pocos metros están roncando a pierna suelta.

Sangre, sudor y lágrima, me han costado estos 20 metros verticales de hielo.

Helios decide derrochar abrazos fotónicos sobre Gea, mientras al fondo se perfila el negro ojo del cíclope, descomunal montaña a la que los personajes literarios Lovochancho y Kantoborgy llamarían Arácnido, pues los efectos del calentamiento global producido por los bípedos depredadores, generosos deshielos a manera de ojos le han propinado al coloso alrededor de su cima.

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