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Me veo humano, pero me siento un conjunto de muchas vidas, una murga condenada a convivir por la fuerza de la carne. La cerebro del bípedo no discierne la amenazante pelea por controlar toda la carne del cuerpo humano. La célula epitelial del dedo gordo del pie derecho, discrepa sobre la importancia de las células en las carótidas. Los ácidos nucléicos saben que requieren de protección carnal, pero se creen el software del cuerpo humano. Las células de las neuronas declaran la guerra a todas aquellas que viven del cuello para abajo.  Es un constante y amenazador forcejeo, no sé cuando terminaré en un amasijo de sangre y carne desperdigado por toda la habitación. Todos se lamentan de que la evolución los ha condenado a la coexistencia, por el bien de un ser más completo e independiente. El software de todo este conglomerado de esclavos del carbón, es decir la mente, crea sus propios fantasmas, como si la lucha orgánica de cada célula especializada por tomar el control de la carne, fuera poca cosa.


Me veo humano, me sueño humano. El espejo reproduce una imagen compilada de todos los seres de carbón condenados a formar mi cuerpo y mi mente. Mi mente en sueños está eternamente encadenada a escuchar y ver cómo el individualismo de todas mis células no ha sido sometido por la evolución. Esta murga que me constituye, solo carnalmente se ha adaptado al medio, por lo cual existo. Los humanos disfrutan de las charlas amenas, del parloteo constante, aunque su futileza sea infinita. Pero cuando se une a su grupo algún despistado ser de esos que han caído del cielo, como premio por su gentileza con el resto de especies ahora ya olvidadas, o en castigo por sus actos tenebrosos, por su necedad al continuar develando las cosas ocultas que este universo pesadamente guarda, en esa sospechosa lámina elástica de espacio y tiempo, tal como la denominara el señor Hans Koch, dichos humanos caen en las garras de sus instintos, entran en estado de soporoso pánico animal. El cerebro reptiliano que aún domina a esta especie bípeda, es el causante de atrocidades inenarrables. Pero como ya sabemos, los pocos milímetros de masa gris, tampoco son un remanso de creaciones divinas, sino también lo es de monstruos aterradores.
Caí por castigo sobre la sospechosa estirpe humana, me encarnaron en una funda psicobiodegradable de bípedo humano, como cuando se encadena al criminal, con pestilentes y pesadas esferas de acero, las cuales hacen notar la furibunda aceleración de este planeta llamado Tierra, que no lo deja salir de la mazmorra. La caliente caída en picada de mi amorfa energía causó un leve destello en la terrícola atmósfera, el crepitar de los choques de partículas, apenas si llamó la atención a esa granja de radiotelescopios que buscan desesperadamente al nuevo Dios planetario, al nuevo Salvador de Gea, sin saber que los únicos interesados en los humanos, son criaturas ambiguas, llenas de miseria, alegría, dudas, horrores y hambre…sobretodo hambre. Es decir, cabalmente son iguales a los terrícolas quienes son parásitos de las vacas, conejos, cuyes, gallinas, etc. Además gustan de todas las yerbas, de las fumables y de las usadas en la ensalada. Los alienigenas que desesperadamente buscan los terráqueos, no vendrán a resolverles sus problemas domésticos, sino que vendrán para alimentarse de todo lo que el generoso vientre de Gea produce, y ello incluye a su especie dominante. El propio Dios de los humanos, no está para resolver las apremiantes y ruines quejas humanas, por eso , porque no escucha sus banales plegarias , lo están cambiando por el nuevo Dios extraterrestre. El nuevo Dios será parásito del humano, tal como este lo es de todo lo que Gea alimenta con su generoso vientre. El nuevo Dios extraterrestre también es en su mundo el único animal que ríe, llora y se los come a todos.
Decía que las charlas terrícolas no giran en torno a los temas ya olvidados, que la sola mención de alguno de los engendros que rondan sus granjas, los pone nerviosos hasta el punto de asesinar reptilianamente a quienes profanen esa, su falsa paz, la de su pequeña existencia. Fui Yo, que luego de colmarme con esa bebida espumosa de cebada, puse la voz de alerta, sobre la amenaza que avanza inabatiblemente, viene alumbrada por la espesa oscuridad de la noche. Por soltar la lengua, quisieron lincharme, más mis orígenes los llenaron de espanto, aunque me encuentre en forma humana, mis cámaras de video mantienen el gélido fuego que parió el tiempo y su inseparable espacio. Hace 15 eones que la energía dio inicio a este universo. Los primigenios instantes llenos de ese plasma indescriptible , aún se refleja en los ojos de los dragones. La información que contiene la materia en sus intimidades, constituyen el cerebro matemático y mágico de nosotros los últimos dragones.
No tuve más remedio que carbonizar a unos cuantos pelagatos , indecoroso sería morir en manos de una turba, a la cual paradójicamente solo quería advertirles, de la amenaza que traía la noche.
Entre tanto barullo, tardíamente asomó el ufólogo, quien se presentó diciendo – mi nombre es Urrak, Dr. Urrak- . Pero lamentablemente, Yo había perdido en ese instante, como en muchas otras ocasiones, el concepto de “nombre” por tanto no atiné a decir nada. Cuando el ufólogo inició la preguntadera, hablaba de una “nave espacial” concepto que tampoco recordaba, luego mencionó unas esferas luminosas, que venía siguiendo desde hace horas, y que supone aterrizaron en una de las granjas de alguno de los necios que quisieron acabar con mi existencia. El asunto es que no entendí -ni papa- tal como dicen los de estas tierras. Pónganse en mi lugar, no es que olvide palabras, sino conceptos, me dicen esfera pero mi cerebro no sabe conque forma o cosa asociar esa palabra, pierdo la imagen cerébrica del susodicho objeto. Luego pasa lo mismo con “nombre” , no es un asunto de pérdida de lenguaje, sino del concepto asociado al lenguaje, es decir es un asunto del lenguaje empotrado, tal como lo describiera Don Ian Watson. El mejor ejemplo me parece sería el de olvidar como entablar una biyección entre un ente gráfico llamado número y un conjunto de objetos físicos o mentales, estoy diciendo que es como olvidarse de contar: una, dos, tres…manzanas?.
La oscura y preternatural amenaza acabó con el ufólogo y con los granjeros, literalmente se los zampó de -One Pink Floyd-, luego de lo cual apenas emanaba una radiación térmica, prueba indiscutible de que la rugiente panza del monstruo devorador albergaba un agujero negro en miniatura. La epítome de la estulticia la constituyen los ufólogos, quienes piensan que los nuevos dioses extraterrestres vendrán mostrándose a vista y paciencia de los terrícolas, -¿será que no se han preocupado de leer las teorías físicas del Dr. Hans Koch?- Las distancias son enormes, las curvaturas espacio-temporales Rusalkianas, o las de Cruscal, no van a permitirles llegar en platillitos voladores, o en esferitas luminosas de navidad. Vendrán como “ladrón en la noche” por ello me parece reptiliana la actitud de los mortales de no querer hablar sobre las atrocidades que acechan en el rincón de cualquier casa, esto será su perdición. Cuando caía en picada libre por la atmósfera terráquea, la marea de neutrinos que dieron contra mi amorfo cuerpo energético, me desviaron hacia las esféricas y luminosas cavernas por las cuales entré en un cuerpo humano. Mi caída desde el espacio me enseñó cómo viajan los seres desde los confines de este universo “finito pero no acotado”.

 

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