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El HomoSoft y su potente BrainCoin.

 

Aquí  en la colina frondosa y al filo del despeñadero donde termina el bosque que habito,  miro en lontananza desde mi hamaca el prístino paisaje de la candente tierra de Malvas, solamente en un extremo se dejan ver los extensos bosques de Palo Santo, presiento el aroma de sus flores de abril, y que pronto vendrá la cosecha de semillas, de sus esencias harán reconcentrados y muy extraños perfumes  tratando de reconcentrar las fragancias que natura brinda; del otro lado y hacia el sur aún quedan los prístinos bosques de faique, ardientes y llenos de chivos cual si fueren frutos extraños. Es una sábana ardiente, seca, un clima para momificarse sin prisa; entre esos dos mundos que son los bosques de acacias y de Palo Santo aún quedan manojos de los tímidos Romerillos, ya sin flor, ya sin color, se vistieron de fiesta hace unos meses, lo pintaron todo del color de la gloria y de la euforia como solo estas tierras podrían regalar, de un amarillo alegre como solo pueden estar y ser las criaturas salvajes. A ratos derivo la mirada hacia el encanto que causan las correrías de los bribones diablillos; Quark sube y baja cambiando de color, va de la sima a la cumbre, es un encanto extraño que siempre permanece en el ir y venir de sus seis colores en degradé ciánico; Fotón se entrelaza con el paisaje como rayo de luz, a veces es un rollizo corpúsculo y otras una larga y estilizada onda de movimientos erráticos e imprevisibles. Son hermanos de sangre, sus juegos y majaderías hacen pensar que desde el vientre de su madre iniciaron con los ritos de entrenarse para la guerra, trepan por paredes imaginarias, se burlan de las miradas mezquinas de los duendes, perfilan una sonrisa sensual para las dríadas que con gracia y danzas de encantamiento acompañan a los bribones. Miw guarda silencio, despanzurrado sobre la rama de un Romerillo toma el fresco de la tarde, a veces despierta de su estado hierático tan solo para lanzar una flemática mirada a los diablillos, no es que ya no esté para esos trotes, sino que guarda energías para incorporarse con el véspero y entrar decidido en las tinieblas de la noche. Hoy no habrá luna, pero su sin par y madura amante lo espera para juntos posar sus ojos de diamante y navegar entre las estrellas.

Empiezo a recordar en voz alta, como si debiera hablar para adormecer al señor Miw, una historia funesta, grave y aburrida, del cómo pasó el humano de ser un filósofo a una pila eléctrica y finalmente terminar de simple minador de moneditas digitales, Miw Stroglón Viscosón señor de los Diágoras mueve hacia mí su oreja, es un bello ejemplar de Otocolobus mezclado con Caracal, se las arregla para enrollarse en los vericuetos más abrigados de sus recuerdos y así vigilar mi comportamiento; bebo entonces  por su larga  salud la primera porción que excretan las ya milenarias levaduras, sí, aquellas levaduras que antaño por defenderse de otros microorganismos producían etanol y así monopolizaban  los azúcares de los frutos maduros; claro los primates de aquellos pasados milenios aprendieron que consumir dichos frutos les daba placer, los torrentes de serotonina, endorfina y dopamina realmente eran inspiradores. Hoy también lo son, y dado el uso actual del caparazón humano, es necesario entonarse para seguir recordando.

Mucho antes de que la era del papel moneda llegase a su fin, y con el que se transaba sin hartazgo buscando la felicidad en la compra de “cosas”, el humano ya era considerado como una mercancía, en realidad un fungible que se la pasaba más de diez horas al día ejecutando tareas inútiles por las cuales como buen esclavo recibía su paga en papelito moneda, iba y venía de su triste “hogar” cuatro horas viajando en los pestilentes transportes del “civilizado mundo”… Obviamente la propaganda minimizaba y disfrazaba este hecho de ser criaturas fungibles, aduciendo que eran humanos útiles, exitosos y productivos, era pues el humano quien mantenía la cadena de producción mundial, con esa eficiente forma de consumir. Lo importante ante todo era la generación constante del flujo electrónico, para iluminar la espesa oscuridad del terror hacia los ya enfermos bosques, se embebían en la luz artificial de su mundo moderno, y con ello aplacar en algo los miedos cada vez menos controlables de la población hacia las pulgas, moscas, chinches y garrapatas… únicos sobrevivientes a la contaminación. El prozac era el soma de todos. El temor se condensaba en su desvencijada médula espinal, y con mayor frecuencia requerían de los masajes melodiosos y pegajosos de aquellas burbujas robóticas que dependiendo del estado económico de su dueño, los acompañaban por doquier, a veces en pares y hasta en cuartetos siempre sobándoles sus malestares existenciales.  El fin del poder de los Bancos Centrales de Moneda y de sus acólitos privados, fue una época de barbarie disfrazada por la propaganda consumista del terror de la quiebra financiera, como siempre ha sucedido en la historia del planeta con los temas insufribles como el esclavismo,  quienes al inicio maldecían el manejo de criptomonedas, y amenazaban a los gobiernos de turno de aquellos pueblos de sexta categoría es decir, a la mayor parte del mundo, con una quiebra irreversible del sistema financiero mundial, me refiero a La Banca y sus bursátiles acólitos. Todos ellos  de a poco y para no quedarse fuera del negocio aunque ganasen menos y menor control tuvieren sobre el sistema financiero y las transacciones,  empezaron a apoyar el manejo digital del dinero cuyo valor se basaba en la cadena de pedacitos de transacciones encriptadas apoyadas por el ciudadano común y de forma descentralizada en la red mundial de ordenadores y como un libro abierto al mundo de contabilidad en donde se registraban todas las transacciones; antes de eso la Banca terrorista amasaba fortunas con el sistema de moneda FIAT, en el cual el valor del papel moneda era ante todo la capacidad de armar guerras y exterminar poblaciones enteras, para apropiarse de sus riquezas y claro, de mover su industria de la muerte, es decir la guerra. En aproximadamente veinte años de rebelión digital por parte de los seguidores del criptógrafo Nakamoto y bajo la fuerte propaganda  de Maximus Kaiser en los canales libres de streaming, y  por supuesto librando feroces y desiguales batallas contra la Banca y sus bisoños esclavos, sí,  los bisoños eran aquellas marejadas de humanos “modernos” llenos de carreras snob de las famosas universidades adictas a reproducir fieles seguidores del consumismo y a la producción en cadena de cualquier artefacto suntuario, basura moderna que a nadie hizo feliz ni por un segundo. La guerra por erradicar el manejo bancario mundial, cuyos papeles moneda tenían el valor que quisieran darle los grupos de poder, ya sin ningún apoyo en el oro, o en la producción de un país, hizo que las capacidades del hardware para manejar algoritmos de encriptación se disparasen y con ello el frenético consumo de los flujos electrónicos, la energía producida por centrales nucleares, hidroeléctricas, termoeléctricas fue insuficiente.  El BitCoin tenía un límite de veintiún millones de monedas, pero el solo encontrar un bloque y luego minarlo para dar a luz una cripto moneda requería mucho procesamiento, ergo también mucha electricidad, la cadena de producción de ordenadores que es bastante perversa con el planeta se incrementó tanto que casi las nuevas guerras, se generaban solo por el acaparamiento de los lantánidos, porque matarse por el agua ya era cosa común. El calor que producía el procesamiento digital no importaba, toda esa cadena de huella de carbono adicional a nadie le quitaba el sueño, pues todos querían ser millonarios minando y minando, claro poco importaba tu origen, condición mental, inteligencia o instrucción, las criptomonedas eran para todos, y los millonarios se multiplicaban como las bacterias y eso que las fuerzas armadas de algunos países se las ingeniaron por capturar a quien no tenía la apariencia física de justificar tener tanto dinero, los capturaban y los dejaban en soletas, el dinero iba a parar en la corrupción oficial de los gobiernos. Todos querían ser millonarios para poder comprar unas gotas de agua.

Cierto alivio aterrizó sobre la cosificada humanidad, cuando vino a la luz para cargar con el peso de la minería de criptomonedas el ordenador cuántico, sí, en inicio unos pocos qubits lograban hacer lo que todas las granjas de ordenadores ASIC no podían haberlo logrado sino quizá solamente en un lustro de arduo procesamiento  glotón de la electricidad; esta tecnología cuántica dio al trasto con el BitCoin, nació entonces el QuCoin  o  QuBitCoin, uno solo de ellos valía veintiún millones de BitCoins, pero claro, como todo tiene un punto débil, minar un QuCoin demandaba una inenarrable cantidad de energía que de no ser por la maravillosa musa que iluminó al eminente taxidermista doctor Flipflop, la cosa hubiere puesto fin al planeta que ya en ese entonces hacia uso de aceras, calles, carreteras, gradas, parques,  zapatos… todo estaba forrado de material piezo eléctrico que al contacto con el humano generada un pequeño flujo electrónico que iba a parar en los acumuladores estatales de energía, que eran unos descomunales condensadores de gel electrolítico; el planeta ya estaba forrado de paneles solares, los pusieron aduciendo que al fin y al cabo todo el planeta era ya un vasto desierto y que nada se afectaría con una sombra perpetua tierra adentro, que las lombrices bien podrían aumentar su población en favor del humano que las consumía en papillas de diversos sabores colores y olores… Y es que no podían dejar de minar, pues todos querían poder pagar los costes de escapar del moribundo planeta.

El doctor Flipflop fue quién empezó novedosos experimentos con algunos voluntariosos humanos ansiosos de obtener como paga unos pocos yoctos de QuBitCoin; el doctor hacía que éstos generen suficiente calor para generación de agua hirviente, él mismo contaba con una expresión burlona que disfrutaba llenar su piscina subterránea y luego bañarse a buena temperatura para eliminar el exceso de escamas en su arrugado y amarillento cuero… él era un verdadero millonario quizá el único que podría darse el lujo de bañarse a la antigua. Lo cierto era que en aquellas épocas ya era una verdadera moda bien vista el ganarse la vida como calefactores orgánicos, eran miles de millones de gentes que a falta de hidrocarburos y siendo la electricidad tan costosa se dedicaban a generar el calor para los fríos inviernos.  Del astro rey, nadie quería acordarse, alzar sus ojos al cielo y gritar su inmunda existencia era cosa del pasado, Helios estaba cada vez más frío, como si de su ardor y luz se hubieren hecho cargo los millones de hectáreas de paneles de mono cristales de silicio que cubrían la piel de Gea, a la final siempre fue los más importante que las computadoras obtuvieren su energía de cualquier modo y a cualquier precio. Al sol en realidad le pasó un accidente, pudo pasar a nuestra roca errante, me refiero a que pudieron ser víctimas el Planeta y su luna, pero le tocó al sol, tan grande él, tan poderoso pero que no pudo contra el piedrazo que quien sabe qué demonio le lanzo desde los confines del universo, fue una descomunal roca de hielo tan denso que una onza hubiese bastado para atravesar el vientre de Gaia no sin antes dejarla congelada… pues el núcleo de ferro-níquel se congelaría al instante. Nos enteramos como siempre tarde, ocho y un pico de minutos después del impacto, la verdad es que para estos temas y cataclismos somos insignificantes y nada inteligentes.

El doctor Flipflop se perdió un buen tiempo entre viejos textos de antiguos escritores de ficción, de ciertas provechosas lecturas de libros dejó de usar humanos para generar insipiente calor y mediocres cantidades de electricidad y empezó a generar poderosos flujos electrónicos directamente de la masa corpórea humana, ya para entonces hasta de las cucarachas estábamos dando buena cuenta con una receta de canguil de excelente sabor y muy crujiente aunque de color sospechoso;  al final las pilas humanas tampoco fueron el tan deseado  éxito, y eso que había abundante material humano… el experimento ante todo fue económico, la búsqueda de la optimización de los costos de producción del calor y del flujo electrónico, era el demencial justificativo.  El incansable doctor Flipflop de tanto experimentar terminó enfocándose en lo esotérico,  tanto así que en uno de sus acostumbrados paseos nocturnos por el parque central del olvidado pueblo donde estaba su laboratorio, tuvo una experiencia realmente aterradora, se quedó semidormido en una de las bancas del abismal parque iluminado por la mortecina luz artificial, un parque subterráneo, inmenso, atemorizante y lleno de bosques de inenarrable aspecto, -mi venerado jardín- lo llamaba el doctor Flipflop, ese desdichado día el doctor ensimismado en sus ideas y en hierática postura fue confundido por un vigilante con un trapero vago y saturado de alguna perniciosa bebida, -desvergonzado de ti-  le dijo el vigilante y acto seguido se lo llevó cual bulto de plumas y lo puso a dormir sobre una dura cama del retén policial; allí, en tan sórdido ambiente el doctor Flipflop que no lograba salir del estado de sopor y sueño vio como desde su cabeza se proyectaba hacia el lado más oscuro de la celda una viva copia de todo lo que le rodeaba y él mismo siendo parte activa y con voluntad de aquel sospechoso holograma –al final no ha sido mi peor día- se dijo el doctor, y enseguida sentenció: -Es  la imaginería cenestésica, parte del cerebro humano y es el más potente de los procesadores de punto flotante jamás creado, el cerebro del bípedo depredador es una potente GPU. A partir de entonces los humanos se convirtieron ya no en minadores sino en una moneda en sí misma, el HomoCoin entonces adquirió su equivalencia suprema, un HomoCoin igual a veintiún millones de QuBitCoins, y el agua, la escasa agua, se pagaba únicamente en HomoCoins.

Ah señor Miw!, debo confesarle, mientras brindo por el placer de tu compañía por segunda vez bebo del virtuoso licor, que FlipFlop ventajosamente tarde demasiado tarde cayo en la cuenta que los pocos bichos que deambulaban por la moribunda Gea, también tenían una poderosa GPU, por ejemplo vuestro cerebro bello Miw y los cerebros de esos bellacos y bribones de Fotón y Quark son más poderosos en casi 107 veces que el de un homo, ni qué decir de los cerdos, un apena que ya no exista tan exquisita carne.

¡Pérfido doctorcillo! acaparaste con tu riqueza los pocos litros de agua que le quedaban a la moribunda Tierra, los humanos ya no habitan sobre la faz de Gaia y bajo ella, en las insondables cavernas que el mundo moderno y civilizado cavó para enterrarse en vida, solo quedan los minadores cenestésicos, miserables y desnudas criaturas descarnadas cuya proyección mental pasa entre los vericuetos de los procesadores cuánticos minado HomoCoins.  Almenos tuviste la decencia de mandar fuera del sistema solar a quienes se perfilaban como eternos sobrevivientes. Y ¿para qué? ¿A quién comprarás el agua entecado Flipflop?

  • ¿Y para qué quiero agua?, si ya soy una verdadera momia cuántica. Los viajeros se han mandado cambiar a la plataforma cuántica y su comportamiento espintrónico abandonó finalmente el cuerpo, que ya estaba famélico, puesto que agua solo había para mí. Tienes una maniática forma de recordar el pasado, hazlo cuando gustes, pero al menos apaga el micrófono de ese viejo ordenador cuántico que es mi última morada y pronta sepultura de feo cenotafio.
  • ¡Calla! Insensato Flipflop. Ya recuerdo. Que al menos ya no necesitas agua, y no hay rastros de tu especie sobre el planeta, los cenestésicos han muerto hace mucho.

Miw afila sus garras sobre el tronco del indefenso árbol, el véspero lo trae hacia mí, ronronea algunas frases aceptando el final de la historia, sus ojos de diamante miran que Quark y Fotón desvergonzados duermen sin mostrar decencia en sus posturas, y se encamina casi sin tocar el inmundo suelo a ver su sin par amante.

 

Mientras brindo por el sueño, por última vez, como debe ser, tan solo tres tragos por ocasión, pues ya pasó el brindis por la salud y por el placer, confiando en este último trago vislumbrar a Ninkasi la bella Sumeria, diosa de la cerveza; festejo la útil existencia de los microrganismos unicelulares que devoran las azucares y excretan etanol, como hace miles de años descubrieran los “primates borrachos” de los cuales decían muchos humanos que descendieron dogmático-evolutivamente hablando. Habrá otra ocasión para brindar tres veces, cuando hablemos de la extinción del Homo sapiens coin tecnologicus.

 

 

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