{"id":317,"date":"2009-05-11T22:09:08","date_gmt":"2009-05-11T22:09:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.kantoborgy.com\/nuevokantoborgy\/?p=317"},"modified":"2024-03-04T19:00:57","modified_gmt":"2024-03-05T00:00:57","slug":"aqueronte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.kantoborgy.com\/?p=317","title":{"rendered":"Aqueronte"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><strong>&#8230; y su intento fallido<\/strong><\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">Despierto bruscamente, como si hubiese escuchado el ruido atronador de un descomunal reloj despertador. Generalmente no requiero de alarmas para separarme del sue\u00f1o, menos aun cuando he planificado madrugar en pos de una cumbre andina, hoy no ha sido la excepci\u00f3n.\u00a0El agudo sonido del silencio en las ma\u00f1anas evita mi concentraci\u00f3n, por ello la noche anterior dejo armada la mochila, le llamo La Rubirosa, es un macuto que tiene larga trayectoria monta\u00f1era, es una mochila de alcurnia: Ferrino, de esas que ya no existen. \u00a0Ahora los materiales de monta\u00f1a hacen mochilas extra livianas y resistentes, son tan alucinantes como sus himal\u00e1yicos precios. Las Lowe, BlackDiamon, hay tantas marcas colores y sabores como el sistema operativo de actualidad: Linux. Pero yo prefiero mi Rubirosa, aunque pese m\u00e1s del doble que las actuales; con ella entreno a la bestia de carga, a mi cuerpo, a esta funda biodegradable que tan tozudamente llevo cuesta arriba.<br \/>\nIncorporado sobre mis dos patas traseras verifico la mochila repleta de cosas que mani\u00e1ticamente siempre acarreo a las cimas andinas, pesa sus buenos 18 kilos, de ellos casi nada para comer, porque hoy har\u00e9 una salida r\u00e1pida y austera, ser\u00e1n 4 horas de caminata en las febriles cuestas de p\u00e1ramo que son las faldas del macizo del Pichincha, &#8211; realmente espero batir mi r\u00e9cord y hacer 3 horas con 40 minutos-, 1 hora m\u00e1s de goce escalando en roca, acariciando la verticalidad cuando \u00e9sta se deja, -jugueteo exponiendo el alma-, y claro el detestable descenso ser\u00e1n al menos otras cuatro horas mas.\u00a0La Rubirosa va repleta de cordinos, cintas, un ocho, algunos mosquetones, ropa por si se abre el cielo con un aguacero, -de esos que mojan hasta el hueso-, casco para no llenarme de chibolos el cacumen durante la escalada o con los pedrolos que alg\u00fan b\u00edpedo despistado dejar\u00e1 caer, el casco tambi\u00e9n ayuda cuando el mal genio de la monta\u00f1a decide abrazarme con una brutal granizada. Para alimentar al cuerpo un menjurje de granola, pasas y miel, sobre que he de beber no me preocupo porque la ruta a seguir, es decir la del Sendero de La Boa por el collado norte del Rucu Pichincha, es generosa en vertientes de agua. Tampoco hago reparos en la calidad del agua que beber\u00e9, pues en ello los monta\u00f1eros de esta zona del planeta somos mejores que <i>Rambo<\/i> siempre disponemos de un zool\u00f3gico envidiable en nuestras entra\u00f1as, con el cual nos llevamos de maravilla.Salgo a la calle, entre la bruma de la ma\u00f1ana inicio la caminata hacia el Puente del Guambra, no son m\u00e1s de 15 cuadras, la \u00e9poca en que ocurrieron estos hechos que relato como si fuese el <i>aqu\u00ed y ahora<\/i>, Quito no era ciudad de temer, no ten\u00eda tanto cuadr\u00fapedo de caucho chirriando por sus callejuelas de cemento. Mientras devoro el asfalto trazando temerariamente una ruta en zigzag, -esperando encontrarme con alguna maga-, recuerdo dolorosamente haber invitado a esta excursi\u00f3n a varios b\u00edpedos, empiezo a sudar porque mi ser internamente me lanza <i>gritos de piedras del campo<\/i>: acelera, ve solo.\u00a0Los invitados a este justa personal con la monta\u00f1a son: Lovochancho, el cual debe estar saliendo de su guarida ubicada en las calles Tamayo y Carri\u00f3n, percibo hasta el aroma de su enorme biblioteca, tambi\u00e9n el ronco sonido de su esclavo de silicio que apod\u00e9 como Ober\u00f3n, en cuyas entra\u00f1as se guarda el inicio de su vena literaria, la novela REMOTO. Tambi\u00e9n est\u00e1 el apacible Empanadas, b\u00edpedo que hered\u00f3 de la extinta comercializadora de silicio Ecuainforme, los tereques de una inminente quiebra, a m\u00e1s del sobrenombre de Empanadas de quien fuera gerente propietario, el Aqueronte Dimitrake, \u00faltimo convidado a la excursi\u00f3n.<br \/>\n<!--more--><br \/>\nContin\u00fao mi marcha, inquieto por las cavilaciones sobre que deparar\u00e1 el futuro de la salida a la monta\u00f1a en compa\u00f1\u00eda de otros. Arribo al pestilente Puente del Guambra, inmediatamente trepo en el insufrible bus \u201cSan Carlos\u201d, los all\u00ed pasajeros miran con desconfianza a La Rubirosa, el ch\u00f3fer arma la frase\u00a0de rigor \u201csiga siga atr\u00e1s hay espacio\u201d mientras deja salir el vaho inmundo de una noche alcoholizada.\u00a0Camino por el pasillo estrecho de la buseta, sosteniendo la respiraci\u00f3n, los compa\u00f1eros de viaje se apretujan entre s\u00ed por el fr\u00edo intenso de la ma\u00f1ana, sus ventanas vaporosas, cerradas y vigiladas no dejan que ingrese aire fresco. Me siento en la \u00faltima banca, presuroso abro una ventana, -al fin un respiro-, ahora tomo fuerzas para la lucha que vendr\u00e1 contra el constante griter\u00edo de la gente en la buseta: Cierre la ventana, no sea inconsciente, \u00bfno ve que hace fr\u00edo? Me digo -no, no veo- y hago una mueca feroz.\u00a0Quince minutos despu\u00e9s arribo a la esquina de la calle Salvador y Sucre, inicio el periplo por el pasillo de la buseta ahora atestado de gentes, mientras La Rubirosa me abre paso a golpes, grito al conductor: Pare, pare\u2026.PARA INFELIZ!. Una se\u00f1ora ya en edad avanzada quiere bajar en el mismo lugar, ducha en tratos con ch\u00f3feres hecha tres maldiciones y el bus se detiene. De no ser por ella hubiese sido necesario lanzarme en plena marcha.<br \/>\nInicio la caminata en pos del inicio del sendero que atraviesa las cuatro partes de bosque de eucaliptos, raudamente cruzo las callejuelas empedradas y polvorientas de estos caser\u00edos miserables que est\u00e1n arrasando con el \u00faltimo pulm\u00f3n de esta ciudad llamada \u201cCarita de Dios\u201d. Al paso sale una jaur\u00eda de perros, sus ladridos agudos delatan la cobard\u00eda, no atacar\u00e1n, -me digo- pero por si las moscas me apercoll\u00e9 de piedras y lanzo un grito de ultratumba, entonces se calma la jaur\u00eda, olfatean el aire, entienden que soy mas troglodita que sus amos. Tambi\u00e9n comprendo que me es f\u00e1cil la comunicaci\u00f3n con los canes, que con los b\u00edpedos, esto ser\u00e1 tema de otro cuento. Finalmente llego al \u00e1rbol arqueado que es el punto de encuentro, como siempre los otros: Lovochancho, La Empanada y el Aqueronte, brillan por su ausencia.\u00a0Lucho durante diez minutos contra mi mente que me grita: d\u00e9jalos ve solo. De pronto escucho levemente ladridos, asoma la gloriosa Empanada, que dice \u2013abajo viene Lovochancho alias Buchilanga acompa\u00f1ado del Aqueronte, los vino a dejar la Cajetona- ya era hora mi querido Boll\u00f3n Rosc\u00f3n, concluyo.<br \/>\nBoll\u00f3n Rosc\u00f3n es mejor que decirle Empanadas, recuerdo lo pon\u00eda a arder de la furia tal apodo, y eso que es un <i>animal manso<\/i>. Conoc\u00ed a esta especie de b\u00edpedo cuando inici\u00e9 mis estudios en electr\u00f3nica, ambos trabamos amistad pues \u00e9ramos los \u00fanicos provincianos en el aula polit\u00e9cnica, ten\u00edamos sue\u00f1os desmesurados de aprender lo \u00faltimo en tecnolog\u00eda digital.<br \/>\nYo deliraba por montar una f\u00e1brica de semiconductores en este pedazo de planeta tercermundista, hasta fiebre padec\u00eda intentando resolver ecuaciones de dopaje, para lograr el equilibrio exacto en el material que tendr\u00eda que bloquear o conducir una corriente seg\u00fan la tensi\u00f3n aplicada, un problema eid\u00e9tico de mi futura f\u00e1brica. Lo \u00fanico real fue que termin\u00e9 con una tremenda base te\u00f3rica, no hubieron laboratorios, todo era puro c\u00e1lculo y modelos matem\u00e1ticos. Al menos aprend\u00ed algo de la sin par matem\u00e1tica pura que traicion\u00e9, porque no fui capaz de desobedecer a padre.<br \/>\nEl progenitor de Aqueronte fue quien aplac\u00f3 mi imaginaci\u00f3n desesperada por conocer las entra\u00f1as de los cerebros de silicio, por acariciar alguna resistencia, un diodo, un transistor, un maledeto circuito integrado. \u00c9l en una de las tantas caminatas que con padre hac\u00edan en la huerta de nuestra casa, disfrutando de la erudici\u00f3n del bot\u00e1nico de la familia, y de las fragancias de los \u00e1rboles de chirimoya en flor, del apetitoso \u00e1rbol de Pico Pico lleno de golosinas para la manada de gallinas de Guinea, y de tantas otras plantas, se me acerc\u00f3 diciendo tengo algo fant\u00e1stico para ti, introdujo en su bolsillo la mano pecosa propia de los Vivar, y entre semillas y hojas que hab\u00eda recolectado puso en mi mano un circuito integrado.<br \/>\nAhora s\u00e9 que fue un chip 41256 de memoria ram de 4Mhz, para un PC XT de IBM que junto a otros 36 chips hac\u00eda m\u00e1ximo un megabyte \u2013Ober\u00f3n se las ingeniaba con 256 Kbytes-. Los ojos de padre destellaban de curiosidad, \u00e9l ten\u00eda al m\u00e1ximo la capacidad del asombro.\u00a0Esa pastillita de silicio fue el mas grande regalo jam\u00e1s recibido, mientras me ausentaba en el laberinto de mi red neuronal, escuche algo de la historia de su hijo Aqueronte , que hab\u00eda triunfado importando partes de computadoras para una vez ensamblados venderlos al mejor postor. Aqueronte junto a otro siniestro personaje llamado Gulliver, montaron dos empresas una de las cuales se llamaba Ecuainforme, dignas representantes de la m\u00e1xima expresi\u00f3n de la mercachifler\u00eda; y all\u00e1 fui a aprender sobre tecnolog\u00eda inform\u00e1tica escarbando en las entra\u00f1as de los seres de silicio. Introduje a Boll\u00f3n Rosc\u00f3n en el arte desacralizado e irrespetuoso de ensamblar ordenadores. Aqueronte nos present\u00f3 al jefe de ingenieros de las empresas ensambladoras, quien parec\u00eda poco contento con la idea de tener biso\u00f1os rondando su sala de operaciones mani\u00e1ticamente ordenada; el tal no hizo m\u00e1s que mandarnos a leer un paquetazo de manuales de IBM. Al jefe de ingenieros le apod\u00e9 Vampiro, su nombre real es L\u00e9ster Gonz\u00e1lez, criatura tenebrosa, triple ingeniero polit\u00e9cnico, del cual en otro relato les contar\u00e9 detalles de su exitoso cruce a sancada limpia de un valle medio venenoso y pantanoso en las bajeras del volc\u00e1n Guagua Pichincha. Ahora he perdido el inter\u00e9s por las v\u00edsceras de los ordenadores, en cambio mascullo a diario bases de datos y c\u00f3digo ajax, me divierto virtualizando servidores para explotar al chip microprocesador, en espera de que se logre la simbiosis real de una red neuronal de carbono con otra de silicio. Pronto vendr\u00e1 el d\u00eda que estemos montando granjas de ordenadores cu\u00e1nticos o espintr\u00f3nicos para ejecutar el algoritmo de un humano, y ver si se autogenera la conciencia.<br \/>\nLlega al punto de reuni\u00f3n Buchilanga, dej\u00f3 a su pariente El Aqueronte luchando con la jaur\u00eda de perros; como es su costumbre trae en su morralito espa\u00f1ol nada m\u00e1s que aire, flojo de lomos no carga ni su mal genio. Antes de sentarse, arremete con un fuerte alapanche contra la masa de la Empanada Bollona Roscona, a qui\u00e9n luego tildar\u00eda de: La Horrorosa Mancha del Catamayo, sepan que Boll\u00f3n Rosc\u00f3n es oriundo de la Toma, poblaci\u00f3n de la provincia de Loja. Lego Buchilanga se sienta y empieza a moquear por el fr\u00edo aire ma\u00f1anero. Recuerdo que conoc\u00ed a Buchilanga en Ecuainforme, all\u00ed las fungi\u00f3 de mercachifle, logrando un \u00fanico gran negocio del cual aprovech\u00f3 para llenarse hasta reventar de equipo de monta\u00f1a. Lo que mejor compr\u00f3 fue una carpa igl\u00fa que nombr\u00e9 como la Grizly, y de la cual dimos buena cuenta, en muchas expediciones de escalada fue nuestro refugio, basta con decirles que inclusive la asquerosa Empanadas Bollona Roscona durmi\u00f3 en sus calidas entra\u00f1as sobre la cumbre de la monta\u00f1a Coraz\u00f3n. La amistad con Lovochancho tuvo mal comienzo, primero porque siendo \u00e9l mercachifle adquiri\u00f3 del Aqueronte un ordenador ya decr\u00e9pito del cual tuve que hacerme cargo, -detesto el maltrato tecnol\u00f3gico-, a pesar de la taca\u00f1er\u00eda de Lovochancho alias Buchilanga, logr\u00e9 que gaste en una expansi\u00f3n de memoria ram y disco duro para su PC XT de IBM. Luego Buchilanga compr\u00f3 en Ecuainforme una impresora Emerson, de esas arcaicas matriciales de 8 pines, que tambi\u00e9n tuve que conectar a Ober\u00f3n y con ello evit\u00e9 un maltrato tecnol\u00f3gico adicional por parte del energ\u00fameno Lovochancho. Mientras yo realizaba las conexiones, el mencionado sujeto, a modo de hacerse el gracioso tuvo la malhadada ocurrencia de preguntarme si exist\u00eda alg\u00fan grado de parentesco con el Aqueronte, asunto que finalic\u00e9 con una feroz y casi vomitiva mirada, por metiche e impertinente. Dej\u00e9 a Ober\u00f3n ejecutando el sistema operativo MS DOS 5.0, cargando el WordPerfect 5, un antivirus de Peter Norton, y una hoja electr\u00f3nica llamada Lotus 1-2-3, para que Buchilanga cuadre la caja de su ahora extinto bar Hendaya, vecino del Soda Bar Carri\u00f3n 2, en el cual se degustaba de buena cerveza.<br \/>\nM\u00e1s tarde olvid\u00e9 las impertinencias de Buchilanga, al enterarme de sus escritos, un hiperb\u00f3lico primer borrador de la novela REMOTO y del caos primigenio de lo que ahora es EL VIRUS DEL SENTIMENTALISMO, iniciamos una amistad que dio p\u00e1bulo para comenzar con las escaladas b\u00e1sicas en la monta\u00f1a. Yo hab\u00eda perdido en un inenarrable accidente a mi compa\u00f1ero de cordada, por tanto estaba a gusto volviendo a los pasos de novato monta\u00f1ero; Buchilanga por su parte anhelaba fervientemente internarse en el mundo on\u00edrico y testarudo de forzar a la bestia corp\u00f3rea al l\u00edmite en los andes ecuatoriales, luego de que su club \u201cde andinismo\u201d le fallara por ser un grupillo de cotorras. Dec\u00eda que la amistad tuvo mal comienzo porque tambi\u00e9n luego en una de esas escaladas b\u00e1sicas, reci\u00e9n en los proleg\u00f3menos de la monta\u00f1a justamente en el Rucu Pichincha, quise ense\u00f1arle el arte de hacer un vivac. Al caer la tarde andina, el muy salvaje casi despierta mi instinto asesino, porque ya enfundados en la repisa del vivac decidi\u00f3 contaminar el aire puro encendiendo un pestilente habano que aunque Cubano hed\u00eda.<br \/>\nFinalmente asoma el Aqueronte al lugar de reuni\u00f3n, llega enfundado en su chompa de cuero estilo <i>Sherpa Outdoor<\/i> pantalones de intr\u00e9pido expedicionario, posa su mirada esf\u00e9rica en nosotros, con ella nos abraza, casi nos hace lagrimear, acto seguido dice:<br \/>\n-Caramba, que puntuales. Pero no seamos tan ariscos saludemos.-<br \/>\nMira en derredor como buscando al enemigo invisible, y continua:<br \/>\n-Primo, te quiero mostrar esta pistola, es una Beretta de nueve mil\u00edmetros, la he cargado con balas de punta cortada, es del putas, bacans\u00edsima. Si quieren les consigo una, tengo un pana\u2026&#8230;-<br \/>\nAnte el estado hipn\u00f3tico de los asistentes, corto la viada de la febril verborrea del Aqueronte record\u00e1ndole que vamos a acercarnos al pie de roca del Rucu Pichincha para intentar su cumbre escalando por la arista del mono. El Aqueronte interrumpe con una risa grave y un:<br \/>\n\u2013Tranquilo hombre, no te aceleres-<br \/>\nHace una mueca que solo a su rostro le est\u00e1 permitido, entre risa, pelando las muelotas, y reproche. Luego propone:<br \/>\n&#8211; Descansemos un poco-<br \/>\nTodos en coro le decimos que ni hemos empezado, a si que nada de descansos, a lo que el Aqueronte inicia el proceso de conquista lastimera con esa mirada que causa llanto, moco, baba y el deseo de<i> embriagarse con ansia loca<\/i>. Duro fue hacer caso omiso a su invite:<br \/>\n-Hermano toma esta mandarinita-.<br \/>\nAtacamos la pendiente bajo las sombras de la primera parte del bosque de eucaliptos.\u00a0Aqueronte nos sigue a paso bonach\u00f3n, como que camina por la vereda tropical de su Guayaquil, lomito con el rabillo del ojo, y veo que su rostro se transforma con los recuerdos que le vienen a la mente, su cara asoma entre circunspecta y demente, entonces inicia el cuento de al parecer su \u00fanica aventura en las Lagunas del Compadre del bosque h\u00famedo nublado del Parque Podocarpus, all\u00e1 en la provincia de Loja.\u00a0De cuando en vez pide reducir el paso, nos dice que consideremos que viene armado hasta los dientes, porque se considera el llamado a defendernos en caso de que asome el Monstruo de los Andes, o el desdentado del Pichincha; todos lo miramos estupefactos, su chaqueta de cuero est\u00e1 llena de cuchillos y pistolas.\u00a0Record\u00e9 que cierto d\u00eda fuimos con el Aqueronte a correr al parque metropolitano y termin\u00e9 ayud\u00e1ndolo a cortar las patas de los mirlos asesinados, apoy\u00e1ndolas en un tronco de eucalipto. P\u00e1jaros que hab\u00eda abaleado con su diab\u00f3lica punter\u00eda. Luego fuimos a casa del Vampiro para que nos haga un aguado de mirlo.<br \/>\nLos ojos del Aqueronte casi se anegaban en llanto mientras relataba su aventura en las Lagunas del Compadre, su historia era m\u00e1s ilusi\u00f3n que realidad. Seg\u00fan contar\u00eda mas tarde Lovochancho, ese pase\u00edto del Aqueronte caus\u00f3 \u201cla ira de dios\u201d Yo recorr\u00ed esos p\u00e1ramos de cabo a rabo, en compa\u00f1\u00eda de amigos del colegio Bernardo Valdivieso, a quienes a punta de enga\u00f1o lograba convencer para escaparnos de casa por tres o cuatro d\u00edas, luego de los cuales fam\u00e9licos pero con el alma rebosante de naturaleza m\u00e1gica, asom\u00e1bamos en nuestras casas, en mi caso mi padre en lugar de gru\u00f1ir optaba por sobarme las ateridas piernas con el incomparable menjurje de aguardiente alcanforado \u2013olorosa planta de ruda, aguardiente reposado Agustino, y alcanfor-, nada de p\u00edldoras de simpatina, o inyecciones de diamox como los ochomieleros himalayistas.<br \/>\nCada cual a su ritmo devoraba la pendiente, por mi parte de a poco fui alej\u00e1ndome del resto; tras de m\u00ed parec\u00eda venir Lovochancho, escapando seguramente de la empalagosa verborrea cantarina que entreten\u00eda a Boll\u00f3n Rosc\u00f3n y el Aqueronte. Cada uno tom\u00f3 su ritmo, Yo iba decidido a abandonar al resto, no hay nada m\u00e1s sano en las monta\u00f1as que ir solo, mascullando la infelicidad metaf\u00edsica mientras fuerzo al cuerpo. Finalmente el sol empieza a colarse por entre las copas de los ahora pocos \u00e1rboles, el pajonal inicia aqu\u00ed su camino, y es tambi\u00e9n el inicio del Sendero de la Boa. Concentrado en la marcha casi no tom\u00e9 en cuenta que terminado la tercera parte de bosque se encuentra un claro de bosque, el mismo bautic\u00e9 tiempo ha, con el nombre del Remanso de la Empanada, con \u00e9l fue que descubrimos esta maravillosa ruta, justamente en ese Remanso tuvo el atrevimiento de invitarme a comer pan con queso y mermelada, al tiempo que propon\u00eda desistir del intento de abrir ruta hacia el pie de roca del Rucu. Boll\u00f3n Rosc\u00f3n y Yo en uno de los intentos de abrir la ruta cruzamos el Remando para tomar a mano izquierda, lo cual nos llev\u00f3 a una chorrera pantanosa y oscura por la cual forzamos el camino hacia el alto pajonal que termina en los inicios del Sendero de la Boa. Ahora s\u00e9 que cruzando el Remanso de la Empanada se debe tomar a derecha.<br \/>\nEl Sendero de la Boa es camino cruel y despiadado con los novatos en su traj\u00edn por los pajonales andinos, lleno de zancadillas, agujeros enormes, y gigantes plantas de paja que esconden el sendero a seguir, por estas y otras razones de \u00edndole metaf\u00edsico lleva este nombre. Esta ruta es muy exigente, con buen estado f\u00edsico se llega en 3 horas y 45 minutos a la base del Rucu Pichincha, la parte en la cual uno f\u00e1cilmente se puede perder es en el trayecto del Sendero de la Boa hasta el cruce del Collado norte. Este camino plantea tantas alternativas enga\u00f1osas como lo hace un mercachifle en pos de conseguir una venta.\u00a0Me detengo a observar el camino a seguir, tratando de escudri\u00f1ar el oculto sendero, de pronto oigo lejanas voces, miro hacia la abajo, y veo que Aqueronte con sus manos en alto lanza maldiciones, creo entender que renuncia a continuar. M\u00e1s tarde contar\u00eda Boll\u00f3n Rosc\u00f3n que el Aqueronte renunci\u00f3 a su intento por coronar el Rucu Pichincha, y lo hizo en medio de maldiciones de singular car\u00e1cter, acusando a Lovochancho de haberlo dejado a su suerte. Prefiriendo quedarse con los recuerdos de la haza\u00f1a cumplida tiempo ha en las Lagunas del Compadre. He aqu\u00ed el \u00fanico y \u00faltimo intento fallido. Tambi\u00e9n cont\u00f3 Boll\u00f3n Rosc\u00f3n, que llor\u00f3 junto al Aqueronte antes de despedirse, casi no hab\u00eda podido abandonarlo pues el Aqueronte en un \u00faltimo intento por convencerlo que desista de tan brutal maltrato f\u00edsico y mental por ir a una monta\u00f1a que ni siquiera se dejaba ver, pos\u00f3 sus h\u00famedos ojos repletos de tristeza y melancol\u00eda sobre el desbaratado car\u00e1cter Empanadil. Esta arma terrible y de inenarrables consecuencias mentales se conoce en el mundo fe\u00e9rico como: Ojeada Aquerontina. De esta arma Lovochancho nos hab\u00eda advertido, pues \u00e9l menciona que el mirar esos ojos de toro asustado provoca una gana de emborracharse que solo un barril de reposado Agustino termina por calmar.<\/p>\n<p><i>A veces la vida me provoca beber,<br \/>\nPero beber bastante<br \/>\nEmbriagarme de alcohol con ansia loca<br \/>\nPara matar este dolor sangrante<br \/>\nT\u00e1cito Ortiz Urreola.<\/i><\/p>\n<p>Inici\u00e9 la marcha nuevamente, algo inquieto porque me pareci\u00f3 que Lovochancho hab\u00eda empezado a perderse como es su costumbre, no me fue posible ubicarlo. La tranquilidad me invadi\u00f3 al verificar que la Empanada ven\u00eda muy retrasada, seguramente Buchilanga lo adelantaba en algo. Ambos seguramente dar\u00edan buena cuenta de los vericuetos del Sendero de la Boa. Ya nos veremos en el pie de roca antes de empezar con la escalada por la arista del mono.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 hubiese sido, del Aqueronte llegando al pie de roca?, dif\u00edcil de imaginar. Hasta ahora me pesa su intento fallido, que fue tambi\u00e9n el m\u00edo y el de Buchilanga, <i>debimos<\/i> aunque sea a punta de azote y l\u00e1tigo <i>debimos<\/i>encaminarlo hacia su liberaci\u00f3n, a que inmortalice la danza Aqurontiana en la cima del Rucu Pichincha.<br \/>\nSi pon\u00eda su osamenta en el <i>pie de roca<\/i> de seguro que me hubiese salido el soterrado instinto de gu\u00eda, pon\u00eda cuerda fija para que suba a como de lugar a la cumbre. Probablemente tambi\u00e9n, ahora que he llegado al paso de la muerte, donde espero a Buchilanga y su amigo Boll\u00f3n Rosc\u00f3n, hubiese optado por incitarlo a que se lance al vac\u00edo, que vaya tras las parca, a fin de cuentas, la dilataci\u00f3n del tiempo en los accidentes de monta\u00f1a no dejan lugar para el dolor. La idea de la muerte, la conducci\u00f3n del cuerpo y de la mente a l\u00edmites sin sospecha, que es el escalar monta\u00f1as, son una adicci\u00f3n.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8230; y su intento fallido Despierto bruscamente, como si hubiese escuchado el ruido atronador de un descomunal reloj despertador. Generalmente no requiero de alarmas para separarme del sue\u00f1o, menos aun cuando he planificado madrugar en pos de una cumbre andina, hoy no ha sido la excepci\u00f3n.\u00a0El agudo sonido del silencio en las ma\u00f1anas evita mi &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/www.kantoborgy.com\/?p=317\" class=\"more-link\">Leer m\u00e1s<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAqueronte\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[62],"tags":[91,90,147,88,130,254,253],"class_list":["post-317","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ficciones","tag-aqueronte","tag-bollon-roscon","tag-chancholovo","tag-kantoborgy","tag-lovochancho","tag-oberon-rubirosa","tag-ruco-pichincha"],"views":1484,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/317","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=317"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/www.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/317\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":333,"href":"https:\/\/www.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/317\/revisions\/333"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=317"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=317"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=317"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}