La soledad del
murciélago.-El murciélago contempla en el postrero
instante urbano desde el palacio de Guápulo, viene colgado
de la luna llena que le ofrece la gradiente andina. Esta
claridad nocturna de tierras altas ensalza el adiós a La
Medusa Multicolor, la ciudad que no volverá a patear con
piernas de homínido ni sentirá de nuevo con su máquina
animal voladora. Con la corriente eólica propicia hará el
traslado aéreo más extenso de sus días, para posarse sobre
el higuerón elegido como su definitivo hogar y santuario
dentro de la amazonía, en el segundo anillo acuático de
Pelancocha. Por costumbre, y porque así lo requiere su
despedida del mundo de la luz artificial, se apresta a
sintonizar las ondas de radio-libre Marañón, donde se dará
un tiempo de adioses al finado marqués, Salvador Pineda
Pinzano, el último de la estirpe de Olivares y Yaguarzongo.
De montañas, hombres y canes.-
En esta novela se suceden once episodios en las diferentes
montañas que hacen el círculo mágico de Lovochancho, de
Kantoborgy y sus canes. La perra Panda juega a las
escondidas, entre las dunas de Krizofilax, con el dragón
escurridizo. El macho alfa dominante de la jauría, Pincho,
azuzado por su hipo de pastorear, comete un salto mítico al
pie del Cóndor de Piedra. Fifiriche, una pequeña hembra de
cairn terrier, es rescatada de su extravío en la línea que
une a Los Pichinchas. Kantoborgy es el supremo escalador que
se prepara para su último reto himaláyico, y está a la
espera de ir a por la velación de las armas de escalar en
las ruinas de Galadriel. Lovochancho se lanza, en soledad
radical, a exorcizar sus demonios sobre las cumbres del
Sincholagua y el Corazón. Como invitado a renacer con los
jardines andinos está Lester González, que retorna a ver a
sus amigos de escuela y secundaria para descubrirse en la
altitud de Gea.
LA REBELIÓN DEL SILICIO.-La
humanidad, exterminadora del planeta Tierra, se ve obligada
a mutar buscando en la tecnología la manera de prevalecer
como especie dominante. El hombre virtual que resultó tras
varios procesos de simbiosis con las estructuras
informáticas del silicio, no olvidó las taras depredadoras
que lo subyugaron al deseo de controlar a todo organismo
viviente que se oponga a su idea de un mundo moderno. El ser
humano se ha convertido en un virus informático medrando
sobre una plataforma de tecnología de la información,
“viviendo” encapsulado en las profundidades de una Tierra
sobre cuya faz ya no es posible respirar. El comportamiento
cuántico de la materia se abre paso en esta nueva forma de
existir, se generan grupos antagonistas que inician la lucha
por el retorno a un modo de vida natural, como lo era en los
albores de la humanidad. Las criaturas feéricas que desde
hace eónes han protegido el planeta, se unen a la lucha por
evitar la muerte de la vida orgánica y la colonización por
parte del nuevo virus al resto del universo. Los dragones
destruyen al virus y con sus poderes mágicos recrean a la
virginal Gea.
Virus del sentimentalismo.-
Teodoro Morris, único beneficiario del mítico oro de
Quinara, viene consumando su destino, lo hace a cuatro ojos,
los de su cuerpo moribundo puestos en la ventana del gran
florecimiento de la pradera septentrional Brecha de Búfalo,
y los de su alma contemplando en la incesante molienda
subtropical del producto de su tesoro, quinta San Agustín.
Ana de Cazaderos, danzante musa, y el cancerbero Pincho,
hacen el ritual inherente al instante supremo del Saqueador,
siendo para ellos dos también el fin de su estancia en
Placidville, la desangelada aldea que cubre los restos
mortales de Vermi Hood y de lo que éste denominó “el último
progreso”. Paralelamente a esta hora de vida y muerte, sobre
la meseta andina, se gesta el viaje a la aurora de Olegario
Castro y sus invitados, José Miguel y Gitte, navegando en
las ondas largas de radio Marañón, a la sombra del Rucu
Pichincha.
REMOTOemerge
de la ambición que tiene Teófilo Samaniego de crear el
presente que determinará su futuro. Viajar viene superficial
si no sirve como un imperativo para ser buzo de las
profundidades del existente, descubriendo dentro de sí lo
primordial que evita explorar el hombre masificado. Una
erupción ontológica sepulta al obediente estudiante/inspector,
mientras surge el vividor que reivindica aires amazónicos
con una palabra:¡Renuncio!
Kantoborgy, escalador supremo de
lo posible, "porque lo imposible ha sido desacralizado por
los ascensionistas de rebaño", llega al súmmum de la
autosuficiencia: se muda a la doble y única piel
para ejercer la irreductibilidad de un hombre libre de
imaginar su presente.
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