Muerde mi deseo
Y satura el tacto con la luna
Que te espero:
Loba nocturna
Con mi tiempo que destiñe urgencias
Con mi límite absoluto de fronteras
Aves
Y
Montañas
Alguien toca a mi puerta. Se presenta como Passepartout y me invita a la Zona Internacional de la Feria del Libro de Buenos Aires, en el Pabellón Amarillo. Me asegura que allí podré encontrar el libro que estoy buscando, aunque no sé bien cuál es. Y como creo en todas las cosas que puedo interpretar como ‘una señal’, acepto su experiencia, que al parecer era mucha según la carta de recomendación de un tal Phileas Fogg, un caballero inglés.
Por qué te entregas a esa piedra
Niño de ojos almendrados
Con el impuro pensamiento
De derramarla contra el árbol.
Quien no hace nunca daño a nadie
No se merece tan mal trato.
Ya sea sauce pensativo
Ya melancólico naranjo
Debe ser siempre por el hombre
Bien distinguido y respetado:
Niño perverso que lo hiera
Hiere a su padre y a su hermano.
Nicanor Parra
En la ciudad no se puede vivir
Sin tener un oficio conocido:
La policía hace cumplir la ley.
Algunos son soldados
Que derraman su sangre por la patria
(Esto va entre comillas)
Otros son comerciantes astutos
Que le quitan un gramo
O dos o tres al kilo de ciruelas.
No hay nada más respetable que un mal antiguo.
Ley de Keops
Nunca nada se construye dentro del plazo ni del presupuesto previsto.
Teorema de Firth
Cinco es una aproximación suficientemente buena al infinito.
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.
Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.
Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas,
los rumores cansados;
pero seguí volando,
desesperadamente.
Vuela pequeña alondra
deslízate por la barriga de la ciudad
desintégrate cuando den las doce
Véndeme más flores
lléname el alma de chicles
di que mi vida no vale nada
Ya ves
nosotros somos más tristes
nosotros que tenemos que
fundearnos los sueños
con este estúpido perfume
de la muerte a plazos
Qué magníficas paredes de cristal rosáceo, experimenta Kantoborgy ahora encaramado sobre la superficie de unas de las tres Rubirosas. Juguetón se deja caer por entre los recovecos de tan espléndida luna, sube y baja por las rampas cristalinas deseando que el cristal líquido se deje beber, hace gala de su portentoso horno cósmico y permite que el fuego plasmático derrita y evapore la roca lunar para probar su exquisitez. Una nube desproporcionada cubre la superficie de la luna y desde abajo, Melkor y Danka, miran curiosos hacia el cielo, solo dos lunas perfectamente definidas, dos Rubirosas destellando coquetas frecuencias de variado color, los invitan a visitar sus intimidades.
-¿Qué le ha pasado a la Rosácea? –pregunta Danka.
-Se ha convertido en una enorme bola gaseosa, bastante algodonosa, debe ser que Kantoborgy está degustando a placer de sus carnes Rosáceas, es un glotón. Tendremos que ir a por el, señor Danka, caso contrario dejará a esta bella roca errante sobre la cual hemos decidido permanecer hasta el final de los tiempos, con solamente un par de lunas, o quizá sin ninguna Rubirosa, recuerde su merced que el señor Kantoborgy es insaciable, y por el hecho de haber permanecido con nosotros por tantos siglos su voracidad ha despertado sin límites.
Las novelas del escritor lojano, Juan Arias Bermeo, publicadas bajo el sello de Editorial Bípedos Depredadores, se encuentran a disposición del público lector en la Biblioteca Pablo Palacio (Quito). Próximamente serán distribuidas en los centros de lectura que el SINAB mantiene a lo largo y ancho del Ecuador.
Desesperada, con una desesperación gélida e hiriente que se clavaba en el corazón como una navaja traidora, la señorita Meadows, con toga y birrete y portando una pequeña batuta, avanzó rápidamente por los fríos pasillos que conducían a la sala de música. Niñas de todas las ciudades, sonrosadas a causa del aire fresco, y alborotadas con la alegre excitación que produce llegar corriendo a la escuela una espléndida mañana de otoño, pasaban corriendo, precipitadas, empujándose; desde el fondo de las aulas llegaba el ávido resonar de las voces; sonó una campana, una voz que parecía la de un pajarillo llamó: «Muriel». Y luego se oyó un tremendo golpe en la escalera, seguido de un clong, clong, clong. Alguien había dejado caer las pesas de gimnasia.
He aquí nuestra inmensa, salvaje, aulladora madre, la Naturaleza, presente por doquier con tanta belleza y tanto afecto hacia sus hijos como el leopardo; y sin embargo, qué pronto hemos abandonado su pecho para entregarnos a la sociedad, a esa cultura que no es más que una interacción entre hombres, una especie de apareamiento que, con mucho, produce la vulgar nobleza inglesa, una civilización destinada a un pronto fin. En la sociedad, en las mejores instituciones humanas, es fácil detectar cierta precocidad. Cuando aún deberíamos ser niños en edad de crecer, somos ya hombrecitos. Dadme una cultura que traiga mucho estiércol de las praderas y profundice en la tierra, ¡no ésta que sólo confía en abonos que queman y en utensilios y métodos de cultivo mejorados! Cuántos pobres estudiantes con vista cansada de los que he oído hablar, crecerían más rápido, tanto intelectual como físicamente si, en vez de quedarse despiertos hasta tan tarde, se permitieran el sueño honrado de los tontos.
Qué hermosa se la ve y cómo luce perfecta y armoniosa;
su cuerpo, igual sirviera de pedestal de pórfidos astrales
lenificado en la hierática virtud de la ternura
para erigir su rostro, divinamente bello,
enmarcado en la gracia inefable de la dulzura plástica,
como de una madona esculpida con cincel de un Buonarroti.
Sí; y ella sabe; se siente fascinante y depurada
y en su interior existe vibración de culto a la soberbia.
Soy bella, se dice; en tanto va humillando a su camino
un caudal de altivez que injuria y somete a quien la mire.

Al nacer de ironías
el sabor a puerto
se mece en fragilidades
los besos y la luna
en estampida
porque para el alma inquieta
la calma es una señal eterna
la rosa y la espina
la luz de las luciérnagas.
Sí. Aunque me consideréis un pervertido, si alguien me diese a elegir entre vivir en las proximidades del más bello jardín que ha conseguido el arte de los hombres o cerca de una lóbrega marisma, optaría sin duda por la marisma. ¡Cuán vanos, pues, en lo que a mí respecta, han sido todos vuestros trabajos, ciudadanos! Mi ánimo se eleva en proporción exacta con la monotonía exterior. ¡Dadme el océano, el desierto o las tierras incultas! La soledad y el aire puro compensan en el desierto la falta de humedad y fertilidad. El viajero Burton, dice de él: “Tu moral mejora, te vuelves franco y cordial, hospitalario y resuelto… En el desierto, los licores espirituosos sólo provocan asco. Hay un mero placer en la mera existencia animal”.

que me salieron alas
yo era de piel mansa
y blanquecinas manos como mi madre.
ÉL VOLVÍA
AHORA (…) SE AUSENTA (…) DEMASIADO.
La filosofía ha muerto, Con esa lapidaria frase el Cosmólogo Dr. Stephen Hawking , inunda al buscador google, indicando que la filosofía formal está muy lejos de poder explicar los fenómenos físicos en la actualidad en estudio por la física moderna (Mecánica estadística, gravedad cuántica relativista etc).
¿Qué existía antes del Big Bang? ¿Cuál es la naturaleza del tiempo? ¿Es nuestro universo uno de los muchos? En la ciencia de las grandes preguntas no se puede (¿todavía?) dar respuesta, una nueva generación de filósofos están tratando de intentarlo.
En mayo pasado, Stephen Hawking dio una charla en la conferencia de Google Zeitgeist en la que declaró la filosofía ha muerto. En su libro The Grand Design, Hawking fue aún más lejos. "¿Cómo podemos comprender el mundo en el que nos encontramos? ¿Cómo se comporta el universo? ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? A dónde fue todo esto? Tradicionalmente se trataba de cuestiones para la filosofía, pero la filosofía ha muerto", escribió Hawking. "La filosofía no se ha mantenido al día con los avances modernos de la ciencia, particularmente la física."
La gran red de ordenadores interconectados a nivel mundial, por satélite, fibra óptica, etc. Es actualmente la gran biblioteca de la humanidad, llena de ciencia, tecnología, noticias de farándula, de politiquería, cosas vernáculas en extremo, infamias, calumnias, también basura sin fin ni censura.
Como en todo en la naturaleza, se expande y cobra fuerza, la Internet es una fuente bullente de vida de diversos organismos del silicio, genera mucho dinero virtual, está alineado con las burbujas económicas que tiene ahora en vilo a algunos paisillos del primer mundillo -produce, produce, que la felicidad está en las cositas-. La gran red, es una fuente de negocio, y claro quienes antes formaron imperios copiando patentes e ideas ajenas, ahora quieren meterle control y censura, vaya, que va a ser más difícil controlar el contenido de la red, que hacerlo por la prensa, por aquellos a quienes Milán Kundera tituló de Asno Total, me refiero a los perioverborreos.
Libertad y libertinaje, en la red el contenido va mucho más allá de lo moral, lo ético, el bien y el mal. Pero los humanos sabrán controlarse -algunitos, no es ya ley natural-. Censura, a conveniencia de unos pocos, la música, los videos, los libros, y todo lo que se imaginan seguirá circulando pese a la Ley SOPA de PIPA, léa más en Ley SOPA PIPA, un caldo más.
En la actualidad, la mayor parte de la tierra en esta región no es de propiedad privada; el paisaje no pertenece a nadie y el caminante goza de relativa libertad. Pero puede que llegue el día en que la compartimenten en lo que llaman fincas de recreo, donde sólo una minoría obtendrá un disfrute restringido y exclusivo cuando se hayan multiplicado las cercas, los cepos y otros ingenios inventados para mantener a los hombres en la carretera pública, y caminar por la superficie de la tierra de Dios se considere un intento de allanar las tierras de unos pocos caballeros. Disfrutar de algo en exclusiva implica por lo general excluirte de su auténtico disfrute. Aprovechemos nuestras oportunidades antes de que llegue el día aciago.
En el 1969, la nave Apolo XI gracias al desarrollo de la tecnología informática, específicamente al avance logrado por IBM en las calculadores electrónicos, fue posible que el hombre pisara el satélite natural que acompaña a Gea y que llamamos La Luna. Esto fue posible gracias a que el Sr. Thomas Watson, apostó todo a computador denominado System 360 modelo 50. Un equipo similar empaquetado en un maletín y que consumía 144 vatios de electricidad, calculaba 500 rutas a la luna, cada una de las cuales consistía en 135 ecuaciones y 6100 instrucciones; garantizando con 22 comandos de dirección por segundo que los astronautas siguieran la ruta más eficiente. En total 10.000 millones de instrucciones calculadas hicieron posible que Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin fuesen a la Luna y regresaran a la Tierra.
Google Translate emplea inmensos archivos de documentos ya traducidos y los combina con la probabilidad para dilucidar el significado más cercano, basándose en el contexto. Para que así sea, Google Translate se aprovecha de una base de datos con trillones de palabras, extraídas del corpus de documentación de Naciones Unidas, de las novelas de Harry Potter, de noticias de prensa y de memorandos empresariales.
Dame, Dorila, el vaso
lleno de dulce vino,
que sólo en ver la nieve
temblando estoy de frío.
Ella en sueltos vellones
por el aire tranquilo
desciende, y cubre el suelo
de cándidos armiños.
¡Oh! como el verla agrada,
seguros de su tiro,
deshecha en copos leves
bajar con lento giro!
Los árboles del peso
se inclinan oprimidos,
y alcorza delicado
parecen en el brillo.
Los valles y laderas,
de un velo cristalino
cubiertos, disimulan
su mustio desabrigo.
Mientras el arroyuelo,
con nuevas aguas rico,
saltando bullicioso
se burla de los grillos.
Sus surcos y trabajos
ve el rústico perdidos,
y triste no distingue
su campo del vecino.
“¿No habéis oído hablar de ese hombre loco que, en pleno día, encendía una linterna y echaba a correr por la plaza pública, gritando sin cesar, “busco a Dios, busco a Dios”? Como allí había muchos que no creían en Dios, su grito provocó la hilaridad. “Qué, ¿se ha perdido Dios?”, decía uno. “¿Se ha perdido como un niño pequeño?”, preguntaba otro. “¿O es que está escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado?” Así gritaban y reían con gran confusión. El loco se precipitó en medio de ellos y los traspasó con la mirada: “¿Dónde se ha ido Dios? Yo os lo voy a decir”, les gritó. ¡Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos somos sus asesinos! Pero, ¿cómo hemos podido hacer eso? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Y quién nos ha dado la esponja para secar el horizonte? ¿Qué hemos hecho al separar esta tierra de la cadena de su sol? ¿Adónde se dirigen ahora sus movimientos? ¿Lejos de todos los soles? ¿No caemos incesantemente? ¿Hacia adelante, hacia atrás, de lado, de todos lados? ¿Hay aún un arriba y un abajo? ¿No vamos como errantes a través de una nada infinita? ¿No nos persigue el vacío con su aliento? ¿No hace más frío? ¿No veis oscurecer, cada vez más, cada vez más? ¿No es necesario encender linternas en pleno mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿Nada olfateamos aún de la descomposición divina? ¡También los dioses se descomponen! ¡Dios ha muerto y nosotros somos quienes lo hemos matado! ¿Cómo nos consolaremos, nosotros, asesinos entre los asesinos? Lo que el mundo poseía de más sagrado y poderoso se ha desangrado bajo nuestro cuchillo. ¿Quién borrará de nosotros esa sangre? ¿Qué agua podrá purificarnos? ¿Qué expiaciones, qué juegos nos veremos forzados a inventar? ¿No es excesiva para nosotros la grandeza de este acto? ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso y las futuras generaciones serán, por este acto, parte de una historia más alta de lo que hasta el presente fue la historia. Aquí calló el loco y miró de nuevo a sus oyentes; ellos también callaron y le contemplaron con extrañeza. Por último, arrojó al suelo la linterna, que se apagó y rompió en mil pedazos: “He llegado demasiado pronto, dijo. No es aún mi hora. Este gran acontecimiento está en camino, todavía no ha llegado a oídos de los hombres. Es necesario dar tiempo al relámpago y al trueno, es necesario dar tiempo a la luz de los astros, tiempo a las acciones, cuando ya han sido realizadas, para ser vistas y oídas. Este acto está más lejos de los hombres que el acto más distante; y, sin embargo, ellos lo han realizado.”
















