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Y aquí estamos, mi querido señor de los gatos, disfrutando del crepitar de este cuarto estado de la materia que es el plasma, el fuego de la vieja chimenea, dejándonos abrigar pausadamente nuestros sospechosos cuerpos de carbono, degustando a placer del silencio entre usted y yo, entre su especie cósmica y la mía, que a veces es un poseso dragoniano. Estos momentos en los que el silencio nos dice todo, mientras fluye entre dos especies distintas como si fuera un hilo conductor de los pensamientos universales.
Afuera Eolo ruge con furia descarnada, como queriendo anticipar al bípedo depredador del momento, que su fin llegará algún día, como lo cuenta aquel libro llamado La Rebelión del Silicio. En la taberna de enfrente, celebran los humanos, o semi-humanos pues están repletos de parches cibernéticos, una inquietante festividad anual que hace honor al consumismo, olvidando los preceptos de aquel personaje de ficción, que por predicar su verdad personal, le hacen honor recordándolo crucificado. Allá, en la taberna de enfrente, enfrascados en los prolegómenos de una melopea que augura instantes de felicidad está MaquiDark, el hombre-digital y su jorga de compinches, divididos todos entre dos mundos, el uno casi olvidado en el que casi ya no disfrutan de la compañía entre sus congéneres, el silencio los aterra, y el otro mundo, el del ciberespacio, donde mantenienen en tiempo real un vaivén de ligerezas que cada uno vive en sus instantes de su cotidiana existencia; claro los seguidores del mundo ajeno en la Internet , les dan poder social en la red.
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