Bookmark and Share
La ociosidad es la madre de toda psicología,
¿será la psicología un vicio?

Friedrich Nietzsche
Hace mucho tiempo que deseo viajar hacia un distante planeta, o hacia una a una simple roca, de aquellas que yacen eternamente merodeando el oscuro infinito. Hay más de un gúgol de rocas de distintos tamaños y formas cayendo frenéticamente en erráticas o elípticas órbitas alrededor de la nada, o tal vez orbitando la materia oscura; rocas gigantes y pequeñas, enormes esferas de gas quien sabe si rondando las fauces de un gigante agujero negro, tentando a su gula, mientras se regodean con sus efímeras emisiones de calor.
El impedimento real a iniciar un viaje tan largo hacia alguna parte del cosmos, siempre fue la limitación impuesta a la materia por aquella elegante teoría física, ahora muy antigua pero vigente. Según esta teoría se requiere demasiada energía para acelerar un pedazo de materia como por ejemplo mi funda orgánica dentro de una nave espacial, a una velocidad cercana a la de la luz, y así cubrir enormes distancias en poco tiempo. Al acelerar más a un cuerpo, éste gana masa, tal como dictan los cálculos del Dr. Hans A E Koch, creador de la teoría de la relatividad. Dicha ganancia de masa y glotona necesidad de energía se convierten en una un impedimento tecnológico inexpugnable. Únicamente en los cuentos de ficción el acelerar la materia al noventa por ciento o más de la velocidad de la luz es posible —vendito electrón que has sido acelerado a casi la velocidad de la luz. La masa del cuerpo acelerado tiende al infinito y lo mismo la energía necesaria para mantener su aceleración. Con este límite que en realidad es una propiedad intrínseca de nuestro universo, imposible resultaba hacer un viaje tan distante con las pírricas velocidades alcanzadas por nuestras naves espaciales; recorrer un parsec nos tomaría una eternidad.
Ahora este tipo de viajes son posibles, y no necesariamente se ha logrado acelerar a velocidades fotónicas a una nave espacial con sus ocupantes, la evolución tecnológica actual permite un viaje a distancias estelares, los fundamentos teóricos de la física siguen siendo los mismos, pero la tecnología en su rápida transformación permite viajar tan rápido como la luz. Se aprovechan por ejemplo las teorías del Doctor Magueijo, sobre la variabilidad de la velocidad de la luz en condiciones especiales de la lámina espacio-temporal, también mediante deformaciones controladas del espacio-tiempo, es decir, por las entrañas de un agujero de gusano. No viaja el cuerpo material, viaja la información, a la velocidad de la luz, sin violar la teoría relativista. Cosas de la mecánica cuántica. Temas enredados como el entrelazamiento cuántico y de la información que finalmente es parte intrínseca de la materia.
Al fin con la posibilidad de ir a hacia los dominios de otras estrellas, camino pesadamente por la carga psicológica que conlleva estar encarnado en una estructura biodegradable, ahora tan venida a menos, y también por los años que llevo encima; pero sobre todo, también por la carga mental que me ha causado el rumbo tomado por esta humanidad depredadora; voy hacia mi destino con una decisión inquebrantable, quiero hacer este viaje sideral.

Continue reading

Bookmark and Share