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El Cervino de los Andes.
El Quilindaña, es la más hermosa y enigmática de las montañas ecuatorianas. Su escalada es la escalera al mundo mágico de los seres feéricos que su cima habitan.
quilindaña
Quilindaña, Lugar que hace frío, en lengua Cayapa-Colorado. 4919 msnm, 0º46 S 78º20 O , Ubicado al Sur Este del Volcán Cotopaxi, entre los ríos Junta o Chalupas y Ami, tributarios del Napo.

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Aun el más avezado montañero, aquel que ha hecho respetables ascensiones, no puede evitar que aflore de su interior – para gobernar sus ideas y conducir su masa corpórea- el genoma de lo fácil.
Hoy, mientras degustaba un delicioso puro tobosino desde la negrusca pared occidental del cíclope, contemplé, la fallida ascensión por parte de dos bípedos, a la cara nor-occidental. El uno regordete y bonachón, el otro, enjuto y marcado por las heridas que deja la permanencia en las alturas. Los vi desde que aparcaron a su -Menta Glacial- sobre la regordeta pata norte del cíclope. Luego de aperase de la verde bestia cuadrúpeda, tardaron bastante en los molestos prolegómenos que significa el equiparse de esas varias capas de telas sintéticas que protegen al bípedo de las inclemencias que a estas alturas significan los soplidos y lloriqueos de Eolo. De seguro en sus sueños desean el traje perfecto para la alta montaña, quieren fervientemente disponer de una segunda piel, como aquella que el “ente racional” le provee a Kantoborgy. El regordete inició la marcha, no regresó ni un solo instante a mirar, si su compañero había terminado de enfundarse en el traje térmico, o si tal vez su pesado macuto requería de una repartición de contenido, evitando con ello el resquebrajamiento del lomo de quien lo carga. Llegó el regordete a posarse en la asquerosa caseta que sirve de refugio, pero a bien tuvo no ingresar, pues los vahos dentro de esa covacha son de una pestilencia inenarrable. No esperó ni 10 minutos a su compañero, y emprendió la marcha por la ruta, que él pensó, lo depositaría sin ningún esfuerzo, al pie de la rampa que lo llevaría en línea directa al ojo del cíclope. Cuando alcanzó el glaciar nor-occidental, las bajas nubes me ocultaron su graciosa figura, así que no puedo afirmar si se mantuvo esperando por su amigo los 40 minutos que a voz en cuello reclamaba, o si se la pasó roncando al cobijo de una gran roca.

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