Bookmark and Share
La máquina del habla
Y como la humanidad ha pasado de los gritos y sonidos guturales de una comunicación primitiva, hacia el uso de la palabra en cientos de diferentes lenguas, alejando con ellos la posibilidad antes presente de establecer real comunicación con las criaturas de este bello planeta tierra; es mi deber hacer buen uso de tanta verborrea para bienestar de todos y de todo lo existente. Por tanto y en buen uso de lo aprendido en los centros de estudios borreguiles de infancia, colegiatura y ante todo en los centros superiores, quiero contarles con poco detalle, para poder sobrevivir en este mundo plagado de necesidades tecnológicas y amor por las cosas, la máquina que he inventado tras largos años de estudio, la cual, como ya imagino sospecharán ustedes, atentos y perspicaces lectores, mi invento mecánico electrónico, aprovecha las mareas fluctuantes del constante parloteo de la especie dominante.
Hace mucho que estuve preso de los inquietantes conocimientos científicos y su aplicación tecnológica, claro, esa capacidad cognoscitiva que al parecer va en aumento para los de la especia humana, resulta ser verdaderamente cautivante, una fatal atracción, hasta tal punto que por largos períodos de tiempo logró distraerme de mi conducta habitual y natural comportamiento, me refiero a la actividad que algunos denominan la conquista de lo inútil, porque efectivamente esa es mi verdadera naturaleza ir a por las montañas, hielos y páramos experimentando las sensaciones múltiples del hoy atemorizante acto de retornar a las entrañas de la bella Gaia; hoy llamada por los “felices” habitantes de las terroríficas ciudades de cemento y plástico como bárbara y brutal. Continue reading
Bookmark and Share
Bookmark and Share
El niño dragón
Extraviado de la corriente del mundo cotidiano de secuencias casi funambulescas; ido, en un arrebato mental y físico, jugaba Kantoborgy entre los gigantescos árboles de eucalipto, pinos y cipreses. Ausente perfecto, aplicado en olvidar las normas de este mundo gobernado por bípedos depredadores.
El griterío de los guaira churos, aquellos pájaros de enorme pico, plumaje amarillo con negro y puntos blancos, al igual que el triste lamento del pájaro hornerito llamad lapo, que hace su nido de paja y lodo, bareque, como el hombre lo llamaría luego y copiaría de ellos, de natura, la técnica depurada para fabricar las primeras casas antisísmicas de los andes ecuatorianos, no lograban distraer al pequeño dragonzuelo, sino que más inspirado sentíase con aquellos sonidos del bosque habitado, para dar rienda suelta a sus incesantes juegos de imaginación.
Kantoborgy extasiábase mirando al pacazo Lucio en su nadar sobre el espejo de la laguna Lágrima, en busca de alguna apetitosa carpa. Su capacidad de asombro estaba en su clímax, fértil cerebro, mente sin la contaminación y adormecimiento que emana a raudales ignominiosos aquella infernal y maldita caja llamada “televisión”. Lucio el Pacazo, se escondía tras la enorme figura de la barca Tortuga a esperar que Kantoborgy suba a lomo de la barca, y entonces asomarse de golpe en espera de lograr más que un susto al pequeño dragón, festejar y reír a panza rugiente si Kantoborgy terminaba en las profundidades insondables de la laguna Lágrima.El niño dragón, hacía uso de los poderes de los de su especie, confiando que los mismos eran producto de su onírico mundo, aguzaba su mirada en busca del Pacazo, sin perturbarse por el reflejo que de sus ojos hacía el espejo de agua, la laguna lágrima reflejaba tres pupilas diminutas que aleatoriamente formaban un asteroide y luego una lemniscata, el iris tornándose ámbar y canela, esmeralda y zafiro. La piel de Kantoborgy reflejada en la laguna era un tapiz tetra dimensional de dodecaedros platónicos, cuyos lados en grupos impares tomaban el color de la miel de los oyotongos, mientras que los grupos de lados pares eran del color de un rubí.

Con esa mirada especial imaginaba ver al Pacazo tras la barca tortuga, en realidad veía. Entre su imaginación y la realidad terminaba confundiendo las percepciones de los de su especie, así que montaba a la barca dando una pequeña oportunidad para que el Pacazo se izara sobre las aguas y mostrara todo su corpulento cuerpo de reptil de río, e intentara coletear con ferocidad a la barca(…) o al mismísimo Kantoborgy. Luego sobre las agitadas aguas de la antes mansa laguna Lágrima, iniciaban los juegos de persecución y captura entre aquellas dos especies rivales desde los arcanos del tiempo.

Continue reading

Bookmark and Share
Bookmark and Share
Veo a MarDoIt, deambulando por la repleta ciudad de bípedos. Él también es un bípedo, se parece a los humanos en su estructura biodegradable. Con cabeza gacha MarDoIt patea las callejuelas de esta ciudad bicentenaria; su memoria pesa. Ha dado casi tres vueltas al domo del Panecillo. Tiene en su red neuronal un infinito de vivencias ajenas, de otros humanos, lleva el conocimiento de aquellos seres a quienes extrajo su memoria.
MarDoIt fue humano en un ciento por ciento, pero sus viajes espaciales a los confines de este universo finito pero no acotado, modificaron su estructura quarkiana, de tal forma, que su conciencia, su algoritmo de conformación terminó saturándose con muchos pequeños saltos cuánticos, que a fin de cuentas generan otra criatura en cuanto a su estado mental. He vuelto a verlo después de media centuria, debo decir que de no ser por su demencial deseo de mantener la forma de su rostro, cerúleo y rígido, y sus ojos glaucos y sonambulescos, me hubiese sido imposible reconocerlo.

Continue reading

Bookmark and Share