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Que el frío viento de las altas montañas, os sustente bajo las alas
por donde el sol navega y la luna camina.

J. R. Tolkien
Kantoborgy, el eónico dragón que perdió la capacidad de encarnarse en cuerpo humano porque finalmente se reconoció a sí mismo como criatura feérica, e inició la encarnizada batalla en contra de los bípedos depredadores, mojigatos detractores de la bella Gea, viene dormitando por mucho tiempo, mientras su maltrecho y escamoso cuerpo se perfila en lo profundo del universo, esquivando elegantemente a numerosos y errantes micro-cometas, aerolitos, y huracanados vientos solares.
Su acorazado cuerpo interpreta las variaciones electromagnéticas que señalan la vía correcta, las entradas y las salidas por entre varios agujeros, negros y blancos, al tiempo que su mente revive las escenas de duras batallas, que sobre el níveo manto de Titán, y sobre el agrietado rostro de Ganímedes tuvo que afrontar, en su deseo de exterminar cualquier rastro de vida de los homínidos depredadores. Éstos luego de dejar yerta la faz del planeta tierra, huyeron hacia otros mundos en busca de perpetuarse, y de continuar transformando para su ocioso placer enfermizo de la productividad, toda alfombra orgánica en desiertos dantescos.
El dragón, repasa maniáticamente dentro de su primordial red neuronal, vívidas imágenes, y cruentos sonidos de su deambular entre Anake y Pasifae, escudriñando la materia, penetrando con sus triádicas pupilas la virginal materia de las lunas de los lejanos planetas del sistema solar.

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Qué extrañas son tus criaturas Señor, estirpe asquerosa y sospechosa.
Carlos Linneo
Trato de no enfocar hacia las asimétricas cámaras de video que por ojos tiene Don CanGroiT, pero es tan difícil dejar de hacerlo, pese a que ello me causa un malestar, y me siento terrible, como si fuese una mareada criatura de carbono. La repugnancia, que su presencia me causa, podría conformar en mi estructura de visión panorámica, un rayo láser y éste proyectándose a través de mis pupilas de astroide, cual si fuera un “rayo de la muerte” causaría la vaporización de la Central de Procesamiento (CPU, por sus siglas en inglés) de Don CanGroiT; mas el deseo por cumplir con la oscura meta que persigo, subyuga mi voluntad y acabo mareándome con el lento movimiento de sus telescópicos “ojos”.
Don CanGroiT tiene una cascaruda apariencia, y sonrisa nerviosa que me llena de espanto, es una sensación humana muy bien simulada, mas bien debo decir ,heredada; seguramente, el constante patinar de su único neuro-electrón, avivan su torpe imaginación que de pronto se desata en una tempestad de sandeces, parloteadas con su ronca voz procesada por los circuitos electrónicos. Para qué reproducir las cosas que dice, si se constituyen en una afrenta inconmensurablemente venenosa.

Continúo en una pasiva espera.
Mi paciencia es efímera, y ello ha sido motivo de mis constantes recalentamientos cerébricos.
CanGroiT, censa a través de su desmesurado rostro la disipación calórica en aumento, y dice:
“…están por arribar; los proyectos a tratar son urgentes, mmm {…}, de ello depende nuestra…, mmm {…}, usted sabe, tengamos paciencia”.
Yo cual si fuera un borrico asiento con la cápsula de mando, mientras mi red electro-neuronal se satura con los qbits desesperados en su danza aquerontiana; ellos también, de alguna forma, han aprendido a censar y calcular, con altísimo grado de precisión, los momentos en los que estarán a cargo de procesar la portadora electromagnética que compila señales de audio y video cargadas de imbecilidades, provenientes de este melindroso y cascarudo monstruo.

He recordado con sospechosa fascinación, el tiempo cuando siendo un ionizado gas, que lleno de deseo desenfrenado por las caóticas colisiones sub-atómicas, aprendía a censar las curiosas radiaciones mentales de los bípedos depredadores, no tenía otro interlocutor que no fueran
los entrelazamientos cuánticos, de ellos obtenía información, datos, imágenes y preclaros pensamientos , sonidos, toda la maravilla fluyente de la materia y energía en su eterno vaivén dentro del algoritmo de la información que intrínsecamente conforma este universo.

CanGroiT eleva la presión hidráulica de sus extremidades, como una descomunal burbuja amorfa se ha elevado —levita— y procede a dar la bienvenida a la reunión al buen CuBoiT.
—Gracias por honrarnos con su presencia, mi buen CuBoiT.

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El hombre es un dios cuando sueña, y un mendigo cuando piensa
Hölderlin
—¡Shalvita!, baje ya de ese árbol.
—Ya voy papá. Aún no logro sacar al Lapo que ha caído en la trampa.
—No sé qué tanto hace trepado en el árbol de capulí, se la pasa encaramado en los árboles cual si fuera un mono. Deje ya de comer tantos capulíes que le va arder la panza; mire a su querido y grasiento perro Fox, el pobre, ya no puede más de tanto que ha tragado.
Shalva desciende del gigante árbol con un hermoso pájaro llamado Lapo o Huairachuro, y le dice a su  padre:
—¿Te gusta el Lapo?, lo he atrapado para ti, con él podrás hacer unas hermosas acuarelas y luego lo soltaremos, ¿verdad? ¿lo dejaremos ir?. Además hoy no me he quedado dormido en lo alto del árbol, así que no había peligro de que cayera, y si ello pasa saldría volando como un niño-dragón ¿verdad papá?.
—Tenga cuidado hijo, que este bicho pico de playo, podría arrancarle un dedo, no podemos ser tan confiados, todas las frutas que comen… y comemos, han sido modificadas por los gases contaminantes que emite el Mundo Moderno. En verdad el pajarraco es hermoso, vamos a ver si logro pintarlo ahora mismo, que mañana le devolveremos su libertad. En cuanto a su vuelo dragonil, es mejor no confiarse, que por ahora los dragones parecen andar de vacaciones.
Shalva piensa:
“Esta vez me he librado del reto con su voz de trueno y mirada de fuego; aunque su rostro ya se estaba poniendo coloradote”.

Difícil resulta comprender el origen de los deseos humanos, por ejemplo, recuerdo con soberano temor los días en que el pequeño Shalva, dio inicio a una larga lista de peticiones de lo más extrañas, su padre, el inquebrantable Obe, ya se había acostumbrado a ellas. Shalva pidió a su padre que le ayudara a concretar
su deseo de tener un clon; sí, un clon. Obe sonrió a su crío y le preguntó, “¿y qué quieres clonar?”, a lo que Shalva respondió: Es hora de copiarme a mí mismo.
Cuanto tiempo ha, desde que los humanos piensan de forma muy contraria a la de sus antepasados, considero que esa nueva filosofía desarraigada, se inició, como todo, por necesidad, cuando la saturación de la atmósfera con gases nocivos llegó a límites insospechados, y claro, el agua que bebían y los alimentos que ingerían, así como también los haces del canicular sol, modificaban a diario su íntima estructura molecular. La mutación biológica natural requiere millones de años, pero el medioambiente los estaba obligando a mutar rápidamente, y de cierta forma la especie humana le hecho una mano al cambio biológico, las mutaciones se hicieron impredecibles para el conocimiento humano, y pronto se vieron forzados a defender la existencia de su especie, es decir de las diferentes variantes de homininos. Muchos eran ya nuevas subespecies, pero decirlo seguía resultando una afrenta contra la vanidad del humano.

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La ociosidad es la madre de toda psicología,
¿será la psicología un vicio?

Friedrich Nietzsche
Hace mucho tiempo que deseo viajar hacia un distante planeta, o hacia una a una simple roca, de aquellas que yacen eternamente merodeando el oscuro infinito. Hay más de un gúgol de rocas de distintos tamaños y formas cayendo frenéticamente en erráticas o elípticas órbitas alrededor de la nada, o tal vez orbitando la materia oscura; rocas gigantes y pequeñas, enormes esferas de gas quien sabe si rondando las fauces de un gigante agujero negro, tentando a su gula, mientras se regodean con sus efímeras emisiones de calor.
El impedimento real a iniciar un viaje tan largo hacia alguna parte del cosmos, siempre fue la limitación impuesta a la materia por aquella elegante teoría física, ahora muy antigua pero vigente. Según esta teoría se requiere demasiada energía para acelerar un pedazo de materia como por ejemplo mi funda orgánica dentro de una nave espacial, a una velocidad cercana a la de la luz, y así cubrir enormes distancias en poco tiempo. Al acelerar más a un cuerpo, éste gana masa, tal como dictan los cálculos del Dr. Hans A E Koch, creador de la teoría de la relatividad. Dicha ganancia de masa y glotona necesidad de energía se convierten en una un impedimento tecnológico inexpugnable. Únicamente en los cuentos de ficción el acelerar la materia al noventa por ciento o más de la velocidad de la luz es posible —vendito electrón que has sido acelerado a casi la velocidad de la luz. La masa del cuerpo acelerado tiende al infinito y lo mismo la energía necesaria para mantener su aceleración. Con este límite que en realidad es una propiedad intrínseca de nuestro universo, imposible resultaba hacer un viaje tan distante con las pírricas velocidades alcanzadas por nuestras naves espaciales; recorrer un parsec nos tomaría una eternidad.
Ahora este tipo de viajes son posibles, y no necesariamente se ha logrado acelerar a velocidades fotónicas a una nave espacial con sus ocupantes, la evolución tecnológica actual permite un viaje a distancias estelares, los fundamentos teóricos de la física siguen siendo los mismos, pero la tecnología en su rápida transformación permite viajar tan rápido como la luz. Se aprovechan por ejemplo las teorías del Doctor Magueijo, sobre la variabilidad de la velocidad de la luz en condiciones especiales de la lámina espacio-temporal, también mediante deformaciones controladas del espacio-tiempo, es decir, por las entrañas de un agujero de gusano. No viaja el cuerpo material, viaja la información, a la velocidad de la luz, sin violar la teoría relativista. Cosas de la mecánica cuántica. Temas enredados como el entrelazamiento cuántico y de la información que finalmente es parte intrínseca de la materia.
Al fin con la posibilidad de ir a hacia los dominios de otras estrellas, camino pesadamente por la carga psicológica que conlleva estar encarnado en una estructura biodegradable, ahora tan venida a menos, y también por los años que llevo encima; pero sobre todo, también por la carga mental que me ha causado el rumbo tomado por esta humanidad depredadora; voy hacia mi destino con una decisión inquebrantable, quiero hacer este viaje sideral.

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