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…de los prolegómenos de un Poseso.

Ciertas frutas logran encadenar a la mente y hacer de ella un proyector de locuras. Rambután causa aquello. En la ardiente llanura que baja de las estribaciones de los andes hacia la grande y pacífica charca, existen árboles que son realmente los últimos Ents sobre el vientre de esta atormentada Gea. Son hembras Ents, y Dríadas que cuidan de sus alucinógenos frutos. Frutos que son el caramelo de los bípedos habitantes de esta candente tierra. Estos seres dos veces al año acuden con bombos y platillos a la cosecha del árbol que ellos denominan Achotillo, y que los más eminetes pensadores bípedos usando la lengua latina, ya muerta, y que en su tiempo fue el legado de los últimos dragones, la han clasificado como nephelium-lappaceum… o rambután.Los insípidos animalitos que rien y se lo comen todo y que sobre sus dos patas traseras atormentan a diario a Gea, han perdido la capacidad de mirar y por lo tanto de establecer contacto con criaturas como las Driadas, y a ellas tampoco les atormenta esta separación; pero aún existen sobre Gea ciertas criaturas que encarnadas por designios innombrables y pretéritos, en cuerpos humanos, son en realidad viejos dragones. Y sobre uno de ellos quiero contarles, su nombre es Obe. Quien bajó a las planicies candentes, lugar nada idóneo para un dragón de las nieves, y lo hizo por razones estrictamente de tipo cuántico, tal como él lo grita a los cuatro vientos. Es decir un poco porque el azar es una de las propiedades intrínsecas de la materia y por tanto de la energía, y un poco más porque la cordura del légamo sub-urbano lo estaba matando. Instalado en los confines de una granja, Obe disfrutaba de los tormentos del soporoso calor, que hacía de sus alucinaciónes diarias una melópea sin resaca. La granja era de un Orco, sí, un gendarme retirado de las fuerzas especiales de los bípedos terráqueos. Orco no por su aspecto, sino porque esa era su verdadera especie encapsulada en un Sargento bonachón y amante de la tierra y sus cultivos. Su nombre es ChanGua, y es feliz esclavo de su bosque de achotillos… o de sus Dríadas? O de la Náyade que se apoderó de su mente, de su granja, de sus sueños y de todo su ser.

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