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…Sobre los bipolares y otros fenomenos de los «Hologramas del poseso y entropía»

Mirando hacia Pashá, no solo con el enfado que un instante de repulsión y náusea pueden causar, sino que luego de la arcada instantánea, lo miró directamente hasta con cierto grado de tristeza, como presintiendo que esta vez tendría que decírselo, – ¡Eres una ficha más en el rebaño! Y luego le diría –no importa, así eres “feliz”

-Entonces, Mitríades Teofrasto, ¿no piensas responderme?

–Ya deja de insistir –comenta Euforbio. Mientras copiosamente bebe cerveza sin importarle lo más mínimo el sospechoso chisporroteo que va a caer generosamente sobre el iris impávido del transmisor de imágenes.

-Vamos Pashá, ¿otra vez con lo mismo? Es ya doloroso recordar las veces que deseas ser revolcado en las respuestas que aclaran tus múltiples personalidades. Según Mitríades y Euforbio, estos re-encuentros hacia lo que se supone que no somos, solamente provocan beber “con ansia loca hasta matar…”

-El sangrante dolor de no saber… -Interrumpe Euforbio.

Se ha quedado a media frase, recordando –dice Pashá- mientras sorbe golosamente del botellón de vino dulce. Sí vino, si es que eso es el tal brebaje que un día fuera licor consagrado para…

Aprovecharse de otros borregos, dilo sin freno Teofrasto –exige Euforbio y continua – luego lanza los dardos, a ver si esta vez nos convences que no solo somos una ficha del rebaño, sino que además de eso, ni siquiera pensamos por nosotros mismos. Y agradezcamos a Doña CoVid que no podemos liarnos a golpes, bueno, quizá sí, una partida en el Torneo Irreal, degustando cada arma, cada tiro, cada sonido de quiebre, cada chisporroteo y rebote de tus entrañas…

Teofrasto, apoltronado en su hamaca, mirando los cardinales en su diario revoloteo, escanciando generosamente una mezcla de varias maltas y una más, en medio del convite con sus múltiples personalidades, y otras más, claro, las tuyas Euforbio y también las tuyas Pashá, retorciendo el entrecejo dice: Asumo que reunidos estamos como mínimo 30 y aún uno más.

-Esto viene novedoso –acota Euforbio- no solo piensan por nosotros los más de cuatro kilos de bacterias y que se yo otras monstruosidades que se aprovechan de nosotros…

-Y nosotros de ellas, -dice Pashá- que sin ellas no podemos beber, comer… vamos que no podemos vivir. Y también están ese montón de células nada humanas que tantas veces tú Teofrasto nos ha restregado en pantalla, gesticulando cual demente…bueno tienes una excusa, no eres tú sino uno de tus fantasmas.

-Por ahora al menos podemos culpar a las maltas, al exceso de azúcares, al alcohol, de tan enrevesada charla. Empecemos por reconocer que el resultado de la digestión de las azúcares, es decir el excremento de las levaduras más algo de gas, es lo que ahora mismo conduce tus palabras Pashá y también tus pensamientos Euforbio.

Y por supuesto los tuyos Teofrasto –irrumpe y gruñe Pashá. ¿Entonces no pensamos por nosotros mismos?

-No. –Dice Euforbio –Eso ya lo hemos discutido antes, son las reacciones químicas quienes lo hacen.

Pero antes de eso, decíamos que eran las bacterias y otras criaturas que habitan en nuestro interior, que nos obligan hasta comer, pues de ello depende su existencia. ¿No era así Teofrasto? Habla Euforbio, o ya no puedes hacerlo tú, sino que dejarás que por ti hablen las amebas…

En este punto, todos callan, la presión del aislamiento se cuela de forma feroz pero imperceptible, se acomoda al susurro de las maltas sacudiendo el interior de sus células. Sus neuronas aborregadas empiezan el parloteo incesante, han de hacer caso ¿a quién? ¿A las endorfinas que quieren más brebaje? ¿A las reacciones químicas en la higadilla que demanda sobriedad? ¿Al sobrepoblado légamo que se revuelca en los ácidos gástricos que demanda control poblacional? Caen todos en cuenta que es la promiscua CoVid la que, desde lejos, susurra y amenaza a todos con traer ante su presencia la justicia cortante y fría de la Huesuda. Esa lejana presencia que conmina a todos a procesar las múltiples rutas de probabilidad que les permita escapar, seguir conviviendo con todas sus células humanas y con ese alto porcentaje de no humanas que forman sus órganos, y claro, también con las libras de más de bacterias “amigas” que medran en su interior, para vivir ellas, y de paso hacer creer a su hospedero que es un ser superior.

Bruscamente los alaridos de Teofrasto, rompen el soporoso ambiente, deja ver en las pantallas de Pashá y de Euforbio, minúsculas y sobrepobladas gotitas que causan inenarrable horror. Ha mandado: ¡A callar! Como si sus contertulios hubiesen escuchado el pandemónium que se ha desatado en su mente, cada órgano, cada célula no humana y también las humanas, cada bacteria, cada parásito, y hasta cada resultado de la química sospechosa, se han pronunciado al unísono, gritando, ordenando al cerebro de Teofrasto que abra la boca y gesticule: Maldito seas Sars-Co-Vid-X.

 

 

Pashá interviene mesuradamente, revelando el trance que le ha causado el vino dulce, dice: Por vez primera he escuchado con atención a mis múltiples Yo, todos piden unidad, unidad hasta la muerte, pasar juntos hacer de fértil abono.

Euforbio: Ya, por ahora, las personalidades dominantes son  las reacciones químicas que provoca la ingesta de alcohol.

Teofrasto: Ni eso habla por ti Euforbio.

Pashá: Al menos Euforbio, hubieses hecho de lado tu tacañería y comprado unos barriles de negra, sí, de trigo, de temple y de cuerpo.

Teofrasto: Algo que te remueva esa débil esperanza orgánica que posees.

Euforbio: Esclavos.

Teofrasto: Sí, pero a conciencia.

Pashá: A conciencia consensuada, entre las múltiples personalidades.

Euforbio: Desacuerdo.  He sentido un breve desequilibrio emocional, unos gritando por alcohol, otros repudiándolo, pero al final he ganado y me he quedado con una cerveza ligera.

Pashá: Sigue así, dejándote dominar por las bacterias estomacales, y no lograrás conocer a tus otros Yo.

Teofrasto: Eso es, LaCoVid también es una esclava. El virus le manda buscar hospederos, muta y se adapta para no matar rápido y hospedarse donde más pueda.

Euforbio: Renegada y promiscua.

Pashá: Más promiscua que renegada. Porque no discrimina, no tiene preferencias.

Teofrasto: Sí las tiene. Gusta de ciertas bacterias y virus que han colonizado al hospedero.

Euforbio: Renegada. Sabe que es una esclava de su ácido protegido por esa amarillenta corteza grasosa.

Pashá: Además cuernuda. Sus cachos proliferan ante sus hospederos.

Teofrasto: Su ácido central también es un mísero esclavo.

Pashá: ¿Entonces hay un dios?

Euforbio: Lo sabía. Uno bastante retorcido.

Teofrasto: Sí. Uno que no merece más que las minúsculas.

Titilan los ojos sensibles, retumban las orejas, cada boca remota rellena el espacio tiempo con ruido ensordecedor. Los rostros de Pashá, Teofrasto y de Euforbio, luchan por no ahogarse en medio de la barahúnda de ruido blanco en las pantallas, escuchan el zumbido de alguna malhadada interrupción. Es que el sistema de reuniones virtuales está colapsando, es un verdadero pandemónium, cada humano del planeta en época de aislamiento satura los canales de la red.

Euforbio: Toda interruoción ha sido causada por  la violenta entrada del bribón de Homero Grovito.

Pashá: Grovito, ¿cuándo dejarás de lado la mala costumbre de montarte sobre los débiles lomos de los agujeros de seguridad para colarte pirateando la conexión de tus vecinas?

Grovito: Gratis es mejor, mantengo el anonimato y me hospedo donde me place.

Teofrasto: Eres como la promiscua.

Grovito: ¿La huesuda?

Euforbio: Si, esa, también es promiscua y renegada.

Pashá: Teofrasto lo decía por LaCoVid.

Teofrasto: ¿Otra vez renegada? ¿Y por qué?

Grovito: Pues le toca por mandato superior, ensuciar su filuda la hoz con la masa de cualquier mentecato, y eso no le place.

Euforbio: Claro, hasta la parca tiene sus preferencias.

Teofrasto: Pero ella es solo…

Pashá: ¿Qué? ¿Acaso no tendrá influencia de virus y bacterias en su mente?

Grovito: Ella es solo deseo, hace lo que le diga su dios.

Teofrasto. ¡Eso es! Bien has hecho en colarte por la puerta trasera Grovito.

Euforbio. Entonces ese dios, del cual hasta LaCoVid es su esclava, inclusive su delator Thermus aquaticus, no es más que el mal concebido átomo.

Pashá. Y por qué no es aquel leptón llamado electrón.

Teofrasto: Está en la intimidad, oculto, manipulándolo todo y a todos, y no es solo uno, bueno, es un dios con minúsculas, pero… también sufre de bipolaridad, de múltiples personalidades. ¡Los dioses que nos esclavizan y piensan por todos, son los quarks!

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