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Skathaborgy, una bella dragona encarnada en una sin par doncella, se ha comido una Dríada, que es la protectora del árbol del Tamarindo; bella  criatura feérica que revolotea y cuida de tan apetitoso frutal. Skathaborgy me ha contado, presa del pánico, que bebió entera una jarra de jugo de tamarindo, luego de aquello, y no por estar embotada del jugo, escuchó voces dentro de su vientre además de cierto revoloteo refrescante.

 Los pobladores del Candente Toboso, tierra fértil para los tamarindos, le han contado que dicha planta constituye el sitio por excelencia para las reuniones de duendes, gnomos, hadas, síllfides y demás critauras, ahora ocultas en estos tiempos para los bípedos depredadores. La costumbre de los tobosinos para encantar a cualquier humano, es brindarle un refrescante jugo del fruto del árbol del  Tamarindo, jugo que es  hecho no solo con el fruto sino con algunas hojas y ramas, y por supuesto, como guinda una Dríada del Tamarindo.
Al no ser humana Skathaborgy, aún no siente las alucinaciones que se espera de dicho encantamiento… yo no lo he notado.
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